1.- Uno que leyó de una sentada.

 

Chacal (The Day of the Jackal[1]), de Frederick Forsyth.

“La France ne saurcit accepter… la dignité et la grandeur asujetties aux miserables menaces d’un… d’un CHACAL…”

Charles De Gaulle. 

 

Lo leí en unas horas. Durante la tarde y la noche de un sábado a finales de 1996. Aún lo conservo: una edición de libros Reno, un sello de Plaza y Janés.

            En diciembre de 1995 mi abuela había muerto, sin embargo la disposición de sus bienes –en mi familia este corolario de la muerte siempre tiene el aspecto de piratas repartiéndose el botín-, se hizo a lo largo de 1996. Entre muebles, ropa e infinidad de adornos –y problemas-, destacaba una inmensa bolsa de tela blanca repleta de libros –estos eran el saldo de otra muerte familiar. Por mi bien ganada fama de ávido y ocioso lector, se me asignó la bolsa de libros.

            Esa tarea me desagradó profundamente, aunque podía conservar lo que quisiese de ese despojo. Sabía que encontraría los restos de la biblioteca de mi tío que sin ninguna otra  razón que el egoísmo de mantener vivos a los idos había conservado mi abuela luego de su muerte. Pocas cosas son más desoladoras que una biblioteca desmembrada, sin el sentido, sin el orden que le otorgó su dueño.

            Me atraganté con el segundo o tercero que saqué –Los Pájaros de Fuego de Anaïs Nin-, pero cuando el Chacal cayó en mis manos olvidé mi labor de pseudo albacea y me dediqué a leerlo hasta el final.

            Tenía referencias del libro: muchas y demasiado buenas. De alguna manera fue como cuando encuentras esa barajita largamente buscada para tu álbum. Desde el primer momento te atrapa –lamento el lugar común y advierto que habrá más-, ¿cómo podría ser de otra manera con esta primera oración: “En París, a las seis y cuarenta minutos de una mañana de marzo, hace frío; y el frío parece aún más intenso cuando un hombre está a punto de morir frente al pelotón de ejecución”? El libro está perfectamente construido –a pesar de que apenas le tomó a Forsyth seis semanas escribirlo luego del trabajo de investigación-, como una especie de matrioska: luego del fusilamiento de Bastien Thiry, el coronel Rodin asciende a jefe de la OAS y trama el cuasi perfecto asesinato de De Gaulle. Una filigrana aún más delicada y apasionante se despliega para describir cómo es descubierto el complot –se llega a sentir pena por el cabo Kowalski, por la forma en la que el único sentimiento humano que le queda sirve de cebo para su captura-, aunque la trama alcanza la maestría al mostrarnos cómo se disfraza el Chacal (mis camuflajes favoritos son los que usa para aguardar el día del atentado cuando el cerco en París se ha estrechado más “que el culo de un ratón”, y luego para llegar a su atalaya). Hasta la última página fue un viaje de una sola sentada.

            Lo que novela Frederick Forsyth es real: el intento de  la OAS de dar un golpe de estado en Francia, matando a De Gaulle luego de la entrega/pérdida de Argelia. Por ello al final el Chacal fracasa –aunque durante todo el libro uno quiere que logre su objetivo-, sin embargo la historia está tan bien contada –la coda es insuperable-, que Forsyth pudo haber alterado el final y se hubiese creído en el mundo real que un asesino a sueldo de los militares franceses renegados había matado al orgulloso general De Gaulle. De hecho García Márquez se lo preguntó a Forsyth en una ocasión: “-¿Por qué no mató a De Gaulle al final?”. Siguiendo a Kafka, pensaba que si lo crea el escritor con palabras, existe en el mundo real.

            No he visto las versiones cinematográficas que del libro se han hecho: ni la de 1973 con Edward Fox –me enamoraría de su hija treinta años después-, ni mucho menos la de 1997 con Bruce Willis y Richard Gere; que jamás debió filmarse a pesar del buen oficio de Sidney Poitier, porque sé que el libro es perfecto con las imágenes que creaba al pasar sus páginas aquel lejano sábado.

            Sólo conservé tres libros de aquel saco –una ínfima parte: el resto se vendió al saldo-, aún me recrimino no haber guardado más.

  (La imagen fue tomada de: http://doblaje.wikia.com/wiki/Edward_Fox.)


[1] Dadas las referencias en griego y latín del blog supongo que alguien esperaría los Anales de Tácito o al menos El Aleph de Borges. Advertí que esta era una selección personalísima.

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