4.- Uno que le guste a todos menos a usted.

Crónica del pájaro que da cuerda al mundo (ねじまき鳥クロニクル Nejimaki -dori Kuronikuru) de Haruki Murakami.

“I once had a girl,
or should I say, she once had me.”

The Fab Four

 

Con Murakami tengo un problema: lo primero que leí de él fue Tokio Blues (Norgewian Wood), su mejor libro –recuerden que estoy escribiendo desde la subjetividad más recalcitrante-, aunque aun me espera Kafka en la orilla como posibilidad de desengaño. Todo lo que he leído de él a partir de ahí no me gusta: Sputnik mi amor me pareció una desafortunada copia de Tokio…, por no llamarla una estafa sin tapujos, lo que me dolió tremendamente ya que consideraba a los japoneses (Rōnin, Kempeitai y ninkyō dantai incluidos) como personas honorables, y la Crónica… está motivando una nota sobre un libro que le gusta a todos menos a mí.

            La decepción fue potenciada por cómo llegó el libro a mi biblioteca: durante 2007 en la librería Tecniciencia de Maracay tuve a mi disposición todo Murakami y todo Kundera en ediciones de la colección Maxi de Tusquets Editores a precios razonables. Por el control de cambio aplicado en Venezuela y el hecho de que los libros no son considerados por el [des]gobierno como bienes prioritarios, esos precios razonables se convirtieron en precios absurdos en cuestión de meses. No lo aproveché en su momento y vi entonces como la Crónica… pasó de setenta y cuatro mil bolívares (no uso esa estupidez de los bolívares fuertes, que es una burla cruel en un país con una inflación de dos dígitos), a más de trescientos mil; o algo peor: como los libros desaparecían de los estantes y no eran repuestos. Salvo en un lugar.

            La sucursal de Tecniciencia en Valencia del Shopping Center –la primera a la que entré a finales de los noventa en la que prometí regalar sin cumplir, una antología de Silvia Plath; y una de las razones por las que consideré con envidia el vivir en Valencia del Rey-, así que el lunes 4 de mayo de 2009 con la resaca del terremoto y esperando ser testigo fatal de la caída del viaducto de La Cabrera fui a Valencia ida y vuelta –lo repetiría así por un par de piezas más-, solo a buscar la Crónica

            Esperaba encontrar algo de Tokio…, no sus personajes, no su trama, pero si esa sensación, esa sobriedad con la que Murakami cuenta cosas que pueden degenerar en el melodrama –alguien me explicó una vez que este es de mal gusto-, irremediable. Aunque ¿a qué engañarme?: quería encontrar a Midori, quería ver si Murakami tenía la maestría de dármela disfrazada, ella; pero sin poder reconocerla. Aunque May Kasahara es un buen sucedáneo, no está tan hábilmente construida.

            Sin embargo lo que hace que el libro no me guste es que desarma la pretensión –sin quererlo-, de la novela moderna desde El Quijote… -es una idea de García Márquez recogida en Vivir para contarla, aunque él alude a Kafka-, de que basta la palabra del escritor para que sus construcciones sean reales: el que Gregorio Samsa se despierte convertido en un bicho no debe representar nada extraordinario.

             En el libro de Murakami me resulta imposible creer en lo que cuenta: Malta y Creta Kanoo parecen alienígenas con los ojos rasgados, no percibo la bisagra con la historia del teniente Mamiya y de ser honesto aun no he entendido el final. Aunque reconozco que soy cercano a esa dimensión onírica en la que el sexo invade el mundo real: “Tuve la alucinación de que se trataba de un sueño, pero no la continuación de la realidad”. O mejor: “De acuerdo señor Okada, yo soy una prostituta. Antes era prostituta de la carne, ahora lo soy de la mente” (Creta Dixit). Por razones obvias, del libro me quedo con “la reflexión de May Kasahara sobre las pelucas.”

            Repasando el libro para escribir esto –mi memoria es falible en grado sumo, de hecho cada vez más parece un queso gruyère-, me tropecé con esto: “La mayor parte de la gente ignora y evita las cosas que trascienden los límites de su entendimiento, tachándolas de irracionales e indignas de consideración”. Supongo que con esto Murakami me está diciendo: “Por bruto no entiendes mi libro, de ahí que no te guste”.

 

(La foto fue tomada de: http://en.wikipedia.org/wiki/Heterochromia_iridum)

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