15.- Uno que haya amado hace años y del que hoy reniega .

 Confieso que he vivido de Pablo Neruda.

“La era de las grandes ideologías dominantes quizá haya acabado, pero mientras hombres y mujeres piensen políticamente –en resumen, mientras sean hombres y mujeres pensantes-, el riesgo de sucumbir a la seducción de la idea permanecerá vivo.”

Mark Lilla en Pensadores Temerarios.

 

 

Me acerqué a la poesía con la ingenuidad –o idiotez- propia de alguien muy joven, tal vez de alguien muy joven de otro tiempo ya que no imagino esa cualidad al ver la mirada acerada de la mayor parte de mis estudiantes hoy.

            Entre los poetas destacaba a mis ojos Pablo Neruda. Tal vez más que por sus libros –al menos inicialmente-, por la película Il postino de 1994. Creía que las palabras podían modificar la realidad y que el poeta era ese demiurgo capaz de hacerlo. Supongo que me embebí del espíritu de la frase del film: “La poesía no pertenece a quien la escribe sino a quien la necesita.” El quid está en que puedes creer que necesitas la poesía, pero nunca es así.

            De las imágenes pasé a las palabras: leí Veinte poemas de amor y una canción desesperada, Canto general, Confieso que he vivido y Para nacer he nacido, sin embargo la poesía de Octavio Paz (fría, intelectual), hizo que relegara a Neruda. De vez en cuando vuelvo a esa poesía fácil, siempre enamorada. Siempre llevo de compañía el cinismo

            Sin embargo el libro que amé y hoy reniego es Confieso…, no porque sea poesía sino porque es su biografía. A cualquiera con sangre en las venas le gustaría emular la vida de escritores como Neruda, seducir con palabras, encarnar el espíritu de su tiempo, pero más aún: arbitrar el bien y el mal. Cuando leía a Neruda sentía que siempre estaba con los buenos, sus cantos a los obreros, a los campesinos, me indicaban cuál era el bando correcto, cuál era la posición a asumir. Neruda y sus palabras eran una brújula.

            Parte de hacerme adulto fue descubrir que los intelectuales se intoxican con su propio opio (aunque Raymond Aron se refiere al marxismo, considero –siguiendo a Lilla-, que es más adecuado referirse a la ideología), y Neruda no fue la excepción, su brújula apuntaba en la dirección equivocada. Me bastó tropezarme con su Oda a Stalin –recomiendo encarecidamente leer esto: http://prodavinci.com/2011/07/14/actualidad/la-poesia-de-la-maldad-por-fernando-mires/-, para renegar de él.

             Percibo con claridad que violo esa máxima de Stendhal de creer en el cuento y no en quien lo cuenta –estoy parafraseando-, siendo así; Neruda y no sus libros debería ser el objeto de mi repulsa, pero no puedo evitar rechazar las palabras y la vida contada de alguien seducido por el totalitarismo.

(La foto fue tomada de: http://www.adoos.cl/pics/3853822).

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