27.- Uno que le regalaron y no le gustó.

El proceso (Der Prozeß) de Franz Kafka.

Nosotros en cambio, hacemos el cerebro perfecto antes de destruirlo. La consigna de los antiguos despotismos era: ‘No harás esto’. La de los totalitarios era: ‘Harás esto’. Nuestra orden es: ‘Eres’.

George Orwell. 1984 

 

 

Los gustos literarios son tan caprichosos. Podemos enamorarnos de un autor intrascendente –v.gr. Dan Brown-, y obviar a uno que explique la civilización occidental. Aun de un mismo escritor podemos preferir sus libros menos relevantes, los que tienen fallas en su construcción y relegar los que le definen.

            Trato de justificar por qué no me gustó, no sé si lo consigo. En todo caso no hay justificación para menospreciar un regalo. Es solo que con los libros las personas deberían preguntar específicamente: ‘¿Qué libros quieres que te regale?’ Sin titubeos, sin vacilaciones, así no se vería uno en la necesidad –a veces culposa-, de donar a la biblioteca los libros que le regalan.

            Disfruté mucho La Metamorfosis y Carta al padre, pero no El proceso –regalado-, ni El Castillo –prestado-, y aun tengo entre los pendientes a América. Las dos que no me gustaron Kafka las dejó inacabadas.

            En el caso de El proceso (lo leí justo antes de que en Venezuela se empezara a usar de forma cínica esa expresión para nombrar la satrapía en la que se convirtió la república desde 1999), lo que no me gusta es la atmósfera opresiva que construye. No estoy seguro pero creo que la animadversión fue a posteriori, cuando dejó de ser una fabula. Al vivir en este país son muchas las ocasiones en las que te sentirás como K: aplastado por un poder sin rostro.

            En el libro somos testigos de la división burocrática demencial del Estado totalitario que es la primera alcábala en el proceso de deshumanización que afrontará el personaje. Una muestra de eso está en la cita: “Nosotros no somos más que unos empleados sublaternos, apenas conocemos nada de papeles de identidad y no tenemos otra cosa que hacer que vigilarte durante diez horas por día y cobrar nuestro salario por este trabajo.” He aquí además una exposición ejemplar de la justificación que esgrimen los esbirros de toda laya.           

            Ese poder te empequeñece, te degrada, al hacer que adviertas que ninguna gestión ante un funcionario sirve de algo; que el poder es inmutable, que soy insignificante ante el Leviatán. Más adelante se percibe cómo esa persona enajenada por el poder, lo justifica. Esta cita lo ilustra: “Seguramente se había calumniado a José K…, pues sin haber hecho nada malo, fue detenido una mañana.” Al personaje no se le ocurre la posibilidad de que el poder se ejerza arbitrariamente, de que no haya equivocación alguna en su detención. No. Hay un error, y además una razón para el error. K se pasará todo el libro frustrado porque el poder no reconoce el error –lo que le liberaría-, sin advertir que a los ojos de sus verdugos el error es que siga vivo. La justificación de su pusilanimidad  es la certeza del burgués de que “…vivía, sin embargo, en un Estado constitucional. La paz reinaba en todas partes. Las leyes eran respetadas”, sin poder concebir que la sociedad con su derecho y sus constituciones es solo una pátina de civilización muy delgada expuesta constantemente a su destrucción por parte del violento, del voluntarista semianalfabeto que desprecia todo orden que no emane de su voluntad. es esa convicción la que hace que K participé de todo.

           No hay de su parte resistencia a la violencia que se ejerce sobre él. Hasta el final es parte del proceso que terminará con su vida. Kafka vislumbraba ya en 1925, la realidad de los campos de concentración que a decir de Vasili Grossman en Vida y Destino: “Uno podría pensar que para controlar a aquella enorme masa de prisioneros se necesitaría un ejército de vigilantes igual de enorme, millones de guardianes. Pero no era así. Durante semanas no se veía en los barracones un solo uniforme de las SS. En las ciudades-Lager eran los propios prisioneros los que habían asumido el deber de la vigilancia policial.”

            ¿Por qué no revelarte ante el poder totalitario, aun en tu fuero interno? ¿Cuánto tiempo puede tomar el que percibas que estas en una ratonera -algunos judíos solo se percataron cuando el zyklon B comenzó a hacer efecto-, y al menos insultar al esbirro? ¿Por qué convertirte en Nacht und Nebel convencido de la razón de tu carcelero?

(La imagen fue tomada de: http://en.wikipedia.org/wiki/File:FFridrich,_Praha,_Karluv_most_a_Prazsky_hrad.jpg).

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