Replicando la modernidad.

Fesnojiv: un intento moderno exitoso en un país de la periferia.

 

 

 

Los científicos sociales que tratan el tema de la modernidad –incluso los que se inclinaron en su momento por una modernidad- consideran hoy que solo es válido hablar de múltiples modernidades, de plurimodernidad, un abanico en el que la versión occidental es solo una posibilidad, una entre muchas[1]. Una versión que puede conducir al nazismo o a la llegada del hombre a la luna. Siendo así, debía buscar algún soporte empírico a mi pretensión –no siempre bien expresada- de que la modernidad precisamente occidental es la elección conveniente a un país como Venezuela.

            En este ensayo muestro a través de la Fundacióndel Estado para el Sistema Nacional de Orquestas Juveniles e Infantiles de Venezuela (FESNOJIV), un ejemplo de cómo un país de la periferia –el nuestro en este caso- puede replicar exitosamente la modernidad occidental, independientemente de las diferencias culturales y económicas, incluso de los distintos puntos de partida. Para ello usaré continuamente los hallazgos del libro ¡Salsa, Sabor y Control! Sociología de la música ‘tropical’ por  Angel Quintero Rivera, sobre todo sus referencias a los estudios que sobre sociología de la música emprendió Max Weber.

            De entrada creo que debo hacer algunas precisiones sobre la idea que recorre, sobre la motivación inconsciente de mis ensayos previos: modernidad occidental. Sostengo, más que la existencia de una sola modernidad, la conveniencia de una de sus versiones, la de la modernización entendida como ‘…, un proceso que aumenta las capacidades políticas y económicas de una sociedad: … las capacidades económicas por medio de la industrialización, y las capacidades políticas a través de la burocratización’[2]. Esa modernización en la que Weber identificó a ‘… la racionalización de la sociedad como un aspecto inexorable…’[3].

            Considero –arriesgándome a exhibir mi ignorancia- que la plurimodernidad no consistiría tanto en distintos puntos de llegada, sino más bien en distintos puntos de partida, para sustentar esto, recurro a la investigación de Inglehart que se basa en un importante caudal de datos y análisis de estos, este autor se pregunta un poco retóricamente: ‘¿Se está volviendo súbitamente posmoderno el mundo entero, como señalan algunos escritores? La evidencia empírica indica que la respuesta es que no. Algunas sociedades (como Nigeria) están comenzando a modernizarse, otras (como China) se están modernizando muy deprisa, otras (como Corea del Sur) parecen estar alcanzando el momento de comenzar la posmodernización y otras como Gran Bretaña, Alemania y EEUU están experimentando de lleno el proceso de la posmodernización,…’[4] Según lo entiendo, habría una línea de tiempo abordada por los distintos países en diferentes momentos, ese hecho: esa diferencia de origen es la que configuraría distintas modernidades solo en el inicio del proceso.

            Una vez hecha esta digresión debo volver a la música, que es la excusa que me convoca esta vez. Quintero Rivera emplea a la música como caso de estudio –y a veces como instrumento de medición- para detectar la particular configuración de sociedades distintas. A lo largo de toda su exposición Quintero Rivera va describiendo –exhaustivamente- a la música e implícitamente hace una división no jerarquizada y sin sujetarla a juicios de valor, entre música occidental y no occidental, y dentro de esta última toma como estudio de caso a la Salsa. Tal configuración –y he ahí la estrecha vinculación con mis acercamientos a la modernidad- divide al mundo en dos según el autor: Occidente por una parte y la periferia o lo no occidental por la otra. En su erudita investigación parece estar conforme con la idea de Weber en el sentido de  ‘la creciente penetración del ethos racionalizador en la música “occidental”’[5], así como también con la idea de que esta música está vinculada con una ‘concepción de la pieza o canción como unidad,…como universo definido’[6] en cercanía con el sistema newtoniano y la racionalidad instrumental.

           En otras palabras: la música académica occidental muestra todos los rasgos del entorno que la produce, la recrea y la consume. En la otra acera, la descripción de la música salsa, indica que se vincula mucho más con el tiempo, o siguiendo más adecuadamente el pensamiento del autor: con las diversas dimensiones del tiempo. No sería reduccionista señalar que en el libro que estudiamos se le adjudica a la música académica occidental el carácter de cosa clausa, cerrada, única, de sistema hermenéutico racional; mientras que a la música no occidental –en este caso la salsa– se le describe como abierta, ‘en las más trabajadas de estas músicas “mulatas” la elaboración de sonoridades es un proceso en colaboración y abierto’[7] más dispuesta a la improvisación y a la continua reelaboración a partir de un origen común en muchos tiempos simultáneos.

           Ahora bien, dada la propia  confesión del autor en el sentido de que no tratamos con un libro sobre música y el particular acento en ‘…los “procesos irreversibles” [aluden al tiempo] de su conformación [de las músicas no occidentales: en especial la salsa] y expresión: …los procesos sociohistóricos que fueron marcando las maneras en que los trasfondos se combinaron, y las expresiones sonoras novedosas que fueron surgiendo en y más allá de las combinaciones’[8], tenemos que concluir que está escribiendo sobre cultura, diciéndonos al mismo tiempo que hay una diferencia, una brecha significativa insalvable entre lo occidental y lo no occidental reflejada entre otros espacios en la música.

          La línea discursiva es más o menos la siguiente: el análisis de la música revela que en su conformación influyeron hechos históricos, geográficos, culturales y políticos distintos, que también influencia de forma determinante las formas políticas distintas de occidente y su periferia. Vale decir: el autor alcanza las mismas conclusiones de García Canclini sobre las formaciones híbridas[9] y otros, solo estudiando la salsa. En este ensayo lo que hago –siguiendo sobretodo a Quintero Rivera, pero también a Weber- es equiparar modernidad occidental con música académica y plurimodernidad,  modernidad alternativa o versión latinoamericana de la modernidad con salsa y eventualmente con reggaeton.

          Si hay tantos condicionantes distintos a la génesis de ambas modernidades, constantemente debería ser imposible replicar una en otra, intentar cruzar los paralelos que separan la racionalidad occidental de la no occidental, lo cual sería congruente con toda la teoría que pretende explicar el desarrollo político y económico desigual de los países del tercer mundo a partir del hecho incontestable de que la modernidad occidental es inherente a un mundo que nos es ajeno.

          Una vez hecho este largo recorrido, puedo empezar a exponer mi idea principal: aún suponiendo, aún dando por sentado sin lugar a discusión tales insalvables diferencias entre occidente y lo que no lo es, los países de la periferia pueden replicar exitosamente esa modernidad, la de la racionalidad instrumental que mencioné al principio. Para demostrarlo me remito al FESNOJIV, al movimiento orquestal venezolano, hay que tener muy claro que Venezuela no vivió ninguno de los procesos que en el libro de Quintero y en general se asocian al surgimiento de la música académica, no hay revoluciones burguesas que sostengan a la música romántica por ejemplo. La siguiente línea de tiempo: 

Historia del arte musical europeo [11]
Edad Media (476 – 1400)
Renacimiento (1400 – 1600)
Barroco (1600 – 1760)
Clásico (1730 – 1820)
Romántico (1815 – 1910)
Siglo XX (1900 – 2000)

no coincide con el desarrollo histórico venezolano, aún así: ¿cómo es posible entonces que el sistema tenga alcance nacional y ‘actualmente incorpora 250.000 niños en zonas rurales y urbanas en cada uno de los 24 estados del país [y] cuenta con 125 orquestas juveniles, 57 orquestas infantiles y 30 orquestas sinfónicas profesionales de adultos’[12]? Esa cifra representa al uno por ciento de la población.

             Si es equivocado asumir que somos incapaces de replicar la versión occidental de la modernidad quedaría explicado por qué la juventud de Venezuela es tan exitosa al reproducir la música académica occidental, que  es precisamente –nos lo explica Quintero Rivera- la más imbuida de esa racionalidad instrumental que de acuerdo a García Canclini et all. nos es ajena. En ella hay una subordinación jerárquica de instrumentos dirigidos por un director autoritario que usualmente –salvo en las variaciones y las fugas- no reinterpreta la partitura. Con el agregado de que así como no creamos ninguna de las instituciones políticas occidentales, tampoco creamos esta música, solo la reproducen los muchachos de las orquestas, ensables y grupos de cámara, con un nivel que ha arrancado exclamaciones de admiración por parte de Sir Simon Rattle (Director de la Filarmónica de Berlín), Claudio Abbado y un largo etcétera que sería pedante enumerar. En el siguiente vídeo (el maestro Christian Vásquez dirige a la Orquesta Sinfónica Juvenil Teresa Carreño) tenemos una muestra no solo de la maestría que se menciona sino de todos los rasgos de esa racionalidad instrumental que Weber detecta en la música académica: Aunque destaca el movimiento de los músicos (en otras orquestas la ejecución es más obria) sigue estando ausente esa paricular relación entre tiempo y espacio que caracteriza a la salsa: el baile. También observamos la preeminencia de los intrumentos melódicos por encima de los rítmicos, la percusión es relegada en gran medida, algo inimaginable en la salsa.

            La paradoja la encuentro en el hecho de que replicamos muy bien la ejecución de la forma concierto o sonata, – Edicson Ruiz, de 17 años, se convirtió en  octubre de 2002 en el miembro mas joven de la Filarmónica de Berlín fundada en 1882, y Gustavo Dudamel ganó en mayo de 2004 el concurso Mahler que reunió en esa ocasión a 300 participantes, esos son solo dos hitos que justifican la valoración-, pero no podemos replicar por largos períodos el modelo de separación de poderes.

          Sostengo que esto no se debe a que culturalmente debamos recrear nuestra propia versión de la modernidad, porque estemos incapacitados culturalmente, ya que si representásemos una particularidad –la salsa parece señalarlo así según ‘Salsa, Sabor y Control’- el movimiento orquestal venezolano no sería posible, pero lo cierto es que lo es.

         Por otra parte si ‘Salsa, sabor y control’ debe interpretarse como un hallazgo de la constante reelaboración cultural que obvia la herencia, esa reelaboración en el caso del movimiento orquestal pareciera mostrar que sí se puede replicar la modernidad, aún sin contar con la herencia o la historia previa y aparentemente más adecuada a tal fin. Mi intención sería escribir un ensayo en el que se pudiese cambiar de lugar la frase movimiento orquestal venezolano por sistema político venezolano.

         Para cerrar esta parte me gustaría citar a Hesse:

Como herederos que somos de esta ciencia, creemos conocer mejor y en cierto sentido comprender también mejor la música de los grandes siglos creadores, especialmente del XVII y XVIII,… Es natural que nosotros posteridad, tengamos una relación con la música clásica totalmente diferente de la que tuvieron los hombres de las épocas de creación, nuestra reverencia –espiritualizada, no siempre lo bastante libre de resignada melancolía- hacia la música autentica es cosa enteramente distinta del suave e ingenuo goce musical de aquel tiempo… desde que renunciamos –al menos hablando en general- a competir en creación con aquellas generaciones, desde que hemos desistido del culto al predominio de lo armónico y de una dinámica meramente sensual en la obra musical (culto que desde Beethoven y el comienzo del romanticismo imperó en la música durante dos siglos)… Algo semejante significaron en otro tiempo las Pasiones de Juan Sebastián Bach para sus intérpretes y oyentes –no tanto en la época de su creación como en el siglo siguiente, después de su redescubrimiento-: en parte, una devoción parareligiosa, en parte, un acto pío, y para todos al mismo tiempo manifestaciones rituales del arte.[13]

                En esta cita percibo a un europeo hablando de la recreación y de los diferentes significados en el tiempo de su música académica, en un paralelismo –que me luce inobjetable- con la permanente reelaboración de la salsa que señala Quintero Rivera. Tal vez, todas las modernidades sean híbridas, tal vez todas estén reelaborándose permanentemente. Si es así podemos elegir la que queramos. 

Rompe Rompe Rompe

Bien guillao!

Rompe Rompe Rompe

Ese cuerpo y le hago

Rompe Rompe Rompe

Bien guillao!

Are you ready???[14] 

               No quería terminar, sin señalar -tal vez a modo de apéndice, muy de pasada- esta otra reinterpretación de la musica caribeña, que por razones cronológicas obviamente falta en ¡Salsa, Sabor y Control! y que es el reggaeton, podría considerársele el último eslabón que comienza con el son cubano, o solo una moda pasajera. En ambos casos refleja muchas de las características –a veces hasta el paroxismo- descritas en ese libro y que se le atribuyen a las músicas mulatas: el rimo sincopado, el proceso de creación abierto, su vinculación con la dimensión temporal de la música a través del baile entre otras. También percibo mucho de hibridación, el spanglish es una muestra clara.

               Obviamente rechazo esta hibridación y su equivalente en las instituciones políticas que se asemeja al neopopulismo, la práctica política más chata porque solo puede tener como sujeto al pueblo. Basta observar la letra de la última cita: deforma el castellano en una muestra de decadencia cultural propia del sujeto perezoso incapaz de hablarlo con propiedad.

(La imágenes fueron tomadas de: http://de.wikipedia.org/w/index.php?title=Datei:Richard_Wagner_als_Dirigent.JPG&filetimestamp=20080312161103 y http://www.phototroina.com/calendario/compay.html , respectivamente).


[1] La modernidad líquida de Bauman merece atención.
 

[2] Inglehart, 2000: 5.

[3] Inglehart, 2000: 29.

[4] Inglehart, 2000: 28.

[5] Quintero, 1998: 42.

[6] Quintero, 1998: 42.

[7] Quintero, 1998: 78.

[8] Quintero, 1998: 71.

[9] García Canclini, 1990:71.

[11] En: http://en.wikipedia.org/wiki/European_classical_music, consultado el 27/06/06. (traducción nuestra)

[13] Hesse, 1966: 234

[14] Fragmento de ‘Rompe’ por Daddy Yankee, en: http://www.musica.com/letras.asp?letra=821476, consultado el 27/06/06.

Bibliografía 

  • García Canclini, Néstor. (1990): Culturas Híbridas: Estrategias para entrar y salir de la Modernidad. México. Grijalbo.
  • Hesse, H. (1966): El Juego de los Abalorios. Madrid. Alianza Editorial.
  • Inglehart, Ronald. (2000): Modernización y posmodernización: Cambio Cultural, Económico y Político en 43 Sociedades. Princeton. Princeton University Press.
  • Quintero, Angel. (1998): ¡Salsa, Sabor y Control! Sociología de la música “tropical”. México. Siglo XXI Editores.
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