Reconteo.

Caricatura de Rayma publicada en El Universal, Caracas, el 17 de abril de 2013.

Caricatura de Rayma publicada en El Universal, Caracas, el 17 de abril de 2013.

“-Pero, ¿cómo vas a evitar que la gente recuerde lo que ha pasado? –exclamó Winston olvidando de nuevo la palanca-. Es un acto involuntario. Uno no puede evitarlo. ¿Cómo vas a controlar la memoria? ¡La mía no la has controlado!
O’Brien volvió a ponerse serio. Tocó la palanca con la mano.
-Al contrario –dijo-, eres tú el que no la ha controlado y por eso estás aquí. Estás aquí porque te han faltado humildad y autodisciplina. No has querido realizar el acto de sumisión que es el precio de la cordura. Has preferido ser un loco, una minoría de uno solo. Solamente la mente disciplinada puede ver la realidad. Crees que la realidad es algo objetivo, externo, que existe por derecho propio. Crees también que la naturaleza de la realidad se demuestra por sí misma. Cuando te engañas a ti mismo pensando que ves algo, asumes que todos los demás están viendo lo mismo que tú. Pero te aseguro, Winston, que la realidad no es externa. La realidad existe en la mente humana y en ningún otro sitio. No en la mente individual, que puede cometer errores y que, en todo caso, perece pronto: sólo en la mente del Partido, que es colectiva e inmortal. Por eso lo que el Partido sostiene que es la verdad es efectivamente verdad. Es imposible ver la realidad sino a través de los ojos del partido. Éste es el hecho que tienes que volver a aprender Winston. Para ello se necesita un acto de autodestrucción, un esfuerzo de la voluntad. Tienes que humillarte antes de volverte cuerdo.
Después de unos momentos de pausa, como para permitir que Winston asimilara lo que había dicho, prosiguió:

-¿Recuerdas haber escrito en tu Diario: «la libertad es poder decir que dos más dos son cuatro»?

-Sí –dijo Winston.

O’Brien levantó la mano izquierda, con el reverso hacia Winston, y escondiendo el dedo pulgar extendió los otros cuatro.

-¿Cuántos dedos hay aquí, Winston?

-Cuatro.

-¿Y si el Partido dice que no son cuatro sino cinco?, entonces, ¿cuántos hay?

-Cuatro.

La palabra terminó con un espasmo de dolor. La aguja de la esfera había subido a cincuenta y cinco. Winston sudaba por todo el cuerpo. Apenas le llegaba aire a los pulmones y no podía evitar los roncos gemidos a pesar de tener los dientes apretados. O’Brien lo contemplaba, con los cuatro dedos todavía extendidos. Soltó la palanca y el dolor se alivió bastante.

-¿Cuántos dedos, Winston?

-Cuatro.

La aguja subió a sesenta.

-¿Cuántos dedos, Winston?

-¡Cuatro! ¡Cuatro! ¿Qué puedo decirte? ¡Cuatro!

La aguja debía haber subido de nuevo, pero Winston no la miró. El rostro severo y pesado y los cuatro dedos ocupaban por completo su visión. Los dedos, ante sus ojos, parecían columnas, enormes, borrosos y vibrantes, pero seguían siendo cuatro, indudablemente.
-¿Cuántos dedos, Winston?

-¡Cuatro! ¡Páralo, páralo! ¡No puedo seguir!

-¿Cuántos dedos, Winston?

-¡Cinco! ¡Cinco! ¡Cinco!

-No, Winston; así no vale. Estás mintiendo. Sigues creyendo que son cuatro. Por favor, ¿cuántos dedos?

-¡Cuatro! ¡Cinco! ¡Cuatro! …”

George Orwell. 1984

Imagen: http://www.eluniversal.com/

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