Plaza Taksim (Taksim Meydanı) en Estambul, Turquía.

turkey-articleLargeThose who, while they disapprove of the character and measures of a government, yield to it their allegiance and support are undoubtedly its most conscientious supporters, and so frequently the most serious obstacles to reform”.

Henry David Thoreau. Tratado sobre la desobediencia civil.

 

 

Hay un momento de todo mandato en el que un político electo cree que es invulnerable. Antes o después deja de discernir entre lo que puede hacer y lo que no. Esa inadvertida ruptura con la realidad causa derrotas y defenestraciones de políticos imbatibles la víspera. Debe ser uno de los precios a pagar por el ejercicio del poder: vivir con la incertidumbre de que cualquier decreto anodino puede ser el último.

El primer ministro turco Recep Tayyip Erdoğan luego de once años de gobierno podría ser un ejemplo reciente de lo que señalo, empujando cada vez más los límites de una sociedad formalmente secular tutelada por militares.

El intento municipal (enmarcado en una remodelación más amplia) de reconstruir un cuartel otomano –los conservadores no pueden dejar de mirar hacia atrás- que albergaría un centro comercial –vaya kitsch- en el parque Taksim Gezi de Estambul[1] desencadenó masivas protestas[2] que se tornaron violentas ante la respuesta gubernamental, a partir de la última semana de mayo de este año alimentadas además por el giro islamizante de un gobierno hasta ahora moderado.

El parque amenazado está dentro de la plaza Taksim (el nombre significa división o distribución, en el primer caso es una alegoría perfecta, aunque también puede aludir a un tipo de música turca) en el distrito de Beyoğlu. Más allá de las consideraciones económicas y políticas quiero escribir brevemente acerca de las descripciones de la ciudad que aparecen en los libros de Orhan Pamuk[3]. Este barrio junto a Beşiktaş, Cihangir, Dolmabahce y Nişantaşı, entre otros, son el decorado de la mayor parte de sus novelas.

En esta parte de la ciudad vemos a Füsun y a Kemal Bey discurrir en esa versión trágica de “El Amor en los Tiempos del Cólera” que es “El museo de la inocencia”. Pero sobre todo vemos a Pamuk[4], o al personaje Pamuk que el escritor construye desde el recuerdo, entrar y salir de la plaza en “Estambul”. Al hojear el libro para escribir esto me tropecé con que:

[L]os nuevos ricos de la época de la República no eran tan poderosos como los bajás otomanos y se sentían más occidentales si vivían en los barrios de los alrededores de Taksim en pisos que daban al Bósforo de lejos (…)[5]

Recuérdese que esta plaza queda en la zona europea de la ciudad. Los descendientes de esos nuevos ricos entre otros son la parte laica y modernizada de la sociedad turca que reclama hoy un retroceso en sus libertades perpetrado por lo que asumen como la parte premoderna.

En buena medida Turquía y especialmente Estambul no pueden dejar de mirar a Occidente y de definirse desde la mirada que este le devuelve. Dos ejemplos lo ilustran: fue un arquitecto francés, Henri Prost, el que diseño el plan de la ciudad en los primeros días de la República, el monumento a la República que se erige en la plaza es obra de un italiano.

Pamuk también nos cuenta como los estambulíes dejaban quemar los palacetes otomanos y poblaban la ciudad con feas construcciones de cemento. Cambiaban siglos por décadas. Por ello es una sátira que Alemania haya usado la respuesta gubernamental a las protestas como una excusa para ralentizar aún más el proceso de admisión del país en la Unión Europea.

Los manifestantes de hoy quieren impedir la destrucción de una parte de la ciudad –y de su libertad-, esa isla de árboles en medio del tranvía de juguete, las tiendas y hoteles caros. Hace más de medio siglo, de la plaza partió una turba que acabó con otra parte de la misma polis, como nos relata Pamuk sobre los disturbios de 1955:

[Una] muchedumbre hostil a las minorías no musulmanas se reunió en la plaza Taksim y en primer lugar saqueó y quemó hasta el amanecer los establecimientos de Beyoğlu, aquellas tiendas a las que solíamos ir mi madre y yo, y luego de toda la ciudad.[6]

A veces, solo a veces, las ciudades lucen inmutables, manifestaciones, tumultos, marchas de un signo y de otro, van y vienen[7]: lo único constante es la presencia de la polis. En la plaza y sus alrededores se suceden los estilos arquitectónicos dando fe de ello.

Pero la ciudad también es el escenario de la esfera privada. Pamuk nos cuenta cómo se encontraba en Taksim con la muchacha de la que se había enamorado de adolescente para llevársela fuera del circuito de sus conocidos y verla a solas. ¿Cuántos enamorados habrán visto alterada su rutina esos días?

Imágenes: http://www.nytimes.com/2013/06/08/world/europe/in-istanbuls-taksim-square-an-achilles-heel.html?pagewanted=2&tntemail0=y&_r=0&emc=tnt y http://commons.wikimedia.org/wiki/File:G%C3%BCven_park_an%C4%B1t%C4%B1_arka_sa%C4%9F_r%C3%B6lyef.jpg respectivamente.


[1]

Parque Güven, Ankara.

Parque Güven, Ankara.

El foco inicial estuvo en esta ciudad, sin embargo la protesta se extendió por todo el país. En Ankara, la capital, las protestas se escenificaron en la plaza Kizilay -literalmente la plaza Media Luna Roja- y en el parque Kuğulu. Sobre ello hay información adicional en este vínculo: http://www.allvoices.com/contributed-news/14768929-three-focal-points-of-turkish-uprising-gezi-kugulu-and-guven-park

 [4] El escritor estudió arquitectura y fue pintor antes de ser escritor. Eso le da a sus descripciones de la ciudad una calidad sazonada con su habilidad literaria obviamente y también con el inocultable amor que le tiene. Sobre la arista arquitectónica, esta es una lectura complementaria: http://www.nytimes.com/2013/06/24/world/europe/mosque-dream-seen-at-heart-of-turkey-protests.html?pagewanted=2&tntemail0=y&emc=tnt.

 [5]  Pamuk, O. (2006): Estambul. Bogotá. Literatura Mondadori. Pág. 77.

[6] Ibídem, pág. 205.

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