El rostro de Bolívar

486px-Maximilian_Schell_-_1961-jnNo me refiero a ese australopithecus con patillas que la necrofilia chavista fabricó para adulterar la historia venezolana, hablo de Maximilian Schell.

Una de las pocas cosas en las que la educación venezolana es exitosa  –además de en convertir en analfabetos funcionales a los estudiantes–  es en transmitir la idea de que Simón Bolívar es una deidad inalcanzable a la que siempre se le deberá una cuenta impagable. En mi mente infantil ,tal demiurgo –al que tenía que adorar en su carácter de dueño de la nacionalidad– debía tener un rostro, una cara más real que la que aparecía en las reproducciones que atiborraban los salones de clase o en las barajitas que coleccionaba.

Ese rostro se lo dio Maximilian Schell en la película Simón Bolívar (La epopeya de Bolívar) de 1969: por fín veía al padre de la patria de carne y hueso, que resultó ser un tipo flaco, con un dejo español en el habla (por el doblaje), de pelo negrísimo y con un mentón dividido que no aparecía en las imágenes oficiales. La película es un pastiche: Páez sale con otro nombre, se filmó en España, en fin…, incluso yo –harto de Bolívar luego de 15 años de ideología chavista chatarra– creo que El Libertador merecía una mejor película. Una que aún no se ha hecho, pese al buen intento que fue Manuela Sáenz (2000).

Durante años no supe quién era ese actor que me hizo cercana la figura de Bolívar. Con el tiempo me lo tropecé en A Bridge Too Far (1977) o en Cross of Iron del mismo año, en la que interpreta al único nazi de la ficción que junto al Cnel. Hans Landa de The Inglourious Basterds (2009) y al Cnel. Radl de The Eagle has landed (1976) me cae simpático. En 1998 no lo reconocí al principio en ese bodrio hollywoodense Deep Impact en el que muere abrazando a Téa Leoni bajo una ola monstruo: la vejez nos desfigura de una manera tal que nos volvemos extraños incluso para nosotros mismos.

Pero fue hace solo unos meses (gracias a ese invaluable proveedor de bienes culturales que es mi dealer de películas piratas) que vi la interpretación por la que ganó el Oscar en 1961: El juicio de Núremberg, esa película que tan difícil le resultó filmar al Ángel Azul y en la que se luce Montgomery Clift improvisando  medio borracho en el plató. No he estado en audiencias desde entonces, pero sé que la próxima vez estaré imitando para mí al abogado Hans Rolfe.

Ayer murió Maximilian Schell, el rostro de Bolívar.  AufWiedersehen Freund.

Imagen: http://en.wikipedia.org/wiki/File:Maximilian_Schell_-_1961-jn.jpg.

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