Revoluciones equívocas: la Revolución Cubana

Última foto conocida de Fidel Castro tomada en diciembre de 2013.

Última foto conocida de Fidel Castro tomada en diciembre de 2013.

El modelo cubano ya no funciona ni siquiera para nosotros.[1]

Fidel Castro

¿Habrá algo más ajeno al Caribe que la ideología de un alemán decimonónico reformada por unos rusos finiseculares? Basta leer El hombre que amaba a los perros de Padura para entenderlo.

El triunfo de los bolcheviques y la posterior ayuda militar y política de los soviéticos alentó en las facciones marxistas de todo el mundo la certeza de una revolución que aceleraría la historia de sus respectivos países. No importaba la lógica de la historia. Podría llamarse a esto la franquicia de la revolución proletaria: bastaba con el capital semilla (armas, entrenamiento, invasiones) para que cualquier país agrícola, políticamente pre moderno contase con su propia revolución roja.

El ‘modelo de negocios’ incluía invariablemente un partido leninista organizado por  una minoría de intelectuales (el franquiciado) que debía liderar a una masa de campesinos, derrocar al tirano de turno y convertir al país en un satélite soviético.

El hecho de que se pelease contra un dictador o una metrópoli colonial sustituía el poder aglutinante de la ideología marxista que tenía que resultar por fuerza ajena a la realidad de los países del tercer mundo embarcados en el ‘proceso histórico’, eso y su eficacia en la lucha los legitimaba.

Esto encaja particularmente en Cuba, que solo produce azúcar y tiene un incipiente sector turístico (financiado por la mafia ítalo-americana si hemos de creer en la leyenda negra) cuando Castro junto a los barbudos  desaloja del poder a Batista. Un país atrasado de un continente atrasado daba el salto histórico, con la particularidad de que al menos en 1959 los revolucionarios de ocasión no se proclamaban marxistas, ni comunistas. Eso vendría después ante la inepta forma en la que Eisenhower trató los sucesos en la isla.

Luego la Crisis de los Misiles y el embargo, la coartada para uno de los rasgos más particulares de la revolución cubana: su economía parasitaria que nunca se industrializó. En los dos casos anteriores vimos como Rusia y China se industrializan luego de sus respectivas revoluciones, alterando el orden de la historia que establece la ‘teoría’ marxista. En Cuba ni siquiera esto pasó. Tal vez el punto de partida era más lejano.

Desde mediados del siglo XIX la economía cubana se caracterizó por la producción de caña de azúcar por mano de obra cuasi esclava, la situación no era muy diferente –se reitera– a la llegada de Castro al poder, pero lo asombroso es que  no lo fue tampoco luego de la instauración de la dictadura. Son célebres las imágenes de Castro cortando caña en los 60 en su intento fracasado de aumentar la producción como máximo logro al que aspiraba la economía del país.

“El bloqueo” me responderá un izquierdoso. La respuesta a tal objeción me lleva a Venezuela: ¿Cuántos barcos cargados con petróleo venezolano para la isla han sido detenidos en altamar por la marina del imperio en 15 años? El embargo original de 1962 y su endurecimiento posterior entre otras con la Ley Helms-Burton de 1996 luego del derribo de las avionetas con pilotos cubano-americanos en aguas internacionales, en realidad afecta a compañías estadounidenses.

El clamor de ciertos congresistas estadounidenses para eliminar el bloqueo tiene todo que ver con la presión de algunos de sus electores que se quedan fuera de los negocios con Cuba. Sobre todo de negocios agroalimentarios, ya que fiel a todo socialismo real, la producción de alimentos es la primera falla terrible de la economía centralizada. Sin embargo y en buena medida disfrazada de ayuda humanitaria, granjeros estadounidenses le venden una buena provisión de grano y maquinaria agrícola a la isla

El marxismo-leninismo propone un método (me resulta difícil escribir lo anterior) para entender la historia y acelerarla, para alcanzar el futuro, para superar los estadíos  económicos y políticos atrasados. Si es así: ¿cómo entonces es que en el caso cubano resultó en una economía parásita? Una economía que solo produce balseros, jineteras y delatores.

Durante la vigencia de la URSS, el bloque soviético subsidió a Cuba, al implotar aquella se impuso el ‘período especial’ (hambre, desabastecimiento aun mayor, mercado negro) que comenzó a ser paliado con la apertura cubana a la inversión europea en el sector turismo (mayormente española) a inicios de los 90 –otro ejemplo de que el bloqueo es solo una coartada para la ineptitud de un economía comunista, ya que ninguna compañía europea fue sancionada por negociar con la isla incluso luego de la extra territorialidad que groseramente clamaba la ya señalada ley Helms-Burton–, cuando esta tímida apertura se hizo insuficiente y comenzó a ser perentoria una reforma radical del modelo que atentaba incluso con la hegemonía castrista (Cuba no es China que hasta ahora compagina apertura económica con dictadura de partido único), apareció Chávez.

Fidel-Castro-en-los-SimpsonsRecuerdo un capítulo de Los Simpsons –me perdonarán la digresión, pero si quitamos a los muertos, a las vidas destruidas: ¿qué cosa es más caricaturesca que la satrapía cubana de medio siglo, con sus dictadores octogenarios que se caen en televisión? – en el que Fidel Castro está a punto de llamar a Estados Unidos para rendirse y entregar la isla luego del fracaso económico, cuando providencialmente y por la estupidez de Homero, aparece el señor Burns con un billete de un trillón de dólares que salva al régimen.

En el mundo real, a finales de los 90 un aún más estúpido personaje de comiquita salvó a la dictadura cubana de su propio desastre, al menos por un tiempo, porque seamos honestos: antes o después la dictadura caerá. Aunque dudo que los cubanos devuelvan lo robado a Venezuela.

 

Imágenes: http://www.dailymail.co.uk/news/article-2536421/Fidel-Castro-makes-public-appearance-year-attend-art-gallery-opening.html y http://www.10puntos.com/las-10-celebridades-mas-importantes-que-han-aparecido-en-los-simpsons/ respectivamente.


[1] La frase está tomada de la entrevista que le hiciera Jeffrey Goldberg a Fidel Castro para la edición de septiembre de 2010 de The Atlantic. Aunque la propaganda cubana lo desdijo después, lo cierto es que esa frase es en buena medida el epitafio adelantado de la satrapía cubana. El artículo completo puede ser leído en inglés en este enlace: http://www.theatlantic.com/international/archive/2010/09/fidel-cuban-model-doesnt-even-work-for-us-anymore/62602/.

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