Revoluciones: Solidaridad

Washington cruzando el Delawere, 1851, por Emanuel Leutze.

Washington cruzando el Delawere, 1851, por Emanuel Leutze.

“Una revolución no es otra cosa que la transformación radical de una estructura y el advenimiento de otra estructura nueva.”

Krzysztof Pomian

La idea no es mía pero no recuerdo de quién la tomé. No sé si confesar un plagio justo antes de cometerlo me absuelve. En algún periódico –creo– alguien sostenía que la primera revolución obrera tuvo lugar a finales de los 80 del siglo pasado en Polonia.

He esgrimido dos argumentos en esta serie de entradas que termino hoy. El primero es que las revoluciones son tales en tanto creen un espacio de libertad política, esa idea como ya señalé la expone Hannah Arendt en Sobre la revolución, para quien además la violencia no es lo que define a la revolución: demasiado derramamiento de sangre ha caracterizado rebeliones y luchas por el poder que no son revolucionarios en esencia. La segunda idea que traté de exponer es que no hay una lógica de la historia, que el marxismo en todas sus variantes es un fraude intelectual. De nuevo no soy original en mi punto de vista y estoy siguiendo entre otros a Karl Popper.

Además de lo que pude abonar para sostener la primera idea, cabe hacer una revisión muy somera de la libertad hoy. Miro a mi alrededor y hay gente –aún en país como Venezuela con la velocidad de conexión más lenta del continente– navegando en sus teléfonos y tabletas, pueden usar la red para ver porno, para mal escribir en esa neolengua bárbara que usan,  para ver vídeos idiotas de un gordito coreano, pero lo cierto es que en la red hay un espacio de libertad como nunca antes en la historia de la humanidad. ¿Cuántos muertes costó eso? ¿Cuántas invasiones? En ese sentido la revolución informática es más revolucionaria –sin las vidas perdidas– que todas las así denominadas revoluciones que he mencionado en estos ensayos.

Una buena parte de esas personas que navegan a mi alrededor son mujeres. ¿Qué otra cosa pudo dotar a las mujeres de una mayor libertad en la historia humana que desvincular sexo de reproducción con la pastilla anticonceptiva? ¿Cuántos marxistas fanáticos se necesitaron para esa revolución sexual? ¿Cuántos fusilamientos? De nuevo asistimos a la creación de un espacio de libertad logrado por una revolución sin la violencia que le asociamos como rasgo distintivo.

Por último, mientras escribo puedo darme el lujo de elegir entre algunos pocos dulces para comer –ese lujo aun recortado alcanza en la Venezuela de hoy un significado desconocido hace más de una década–, millones de personas en el mundo pueden hacer lo mismo en una escala inédita en la historia. Pese a las episódicas hambrunas con las que nos sorprenden por un instante los noticieros (que coinciden siempre con estados fallidos, lo que parece indicar que es un problema político no de producción y distribución de comida en sentido estricto), lo cierto es que el mundo tiene a su alcance en este momento la mejor provisión de alimentos desde los albores de la agricultura. Una revolución verde que no recuerdo haya requerido guillotinas, ni juicios sumarios de burgueses traidores para instrumentalizarse.

Por otra parte, para indicar la zafiedad del marxismo he seguido el método nada original de señalar la incongruencia entre las así denominadas revoluciones comunistas, sus resultados y la ‘teoría’. Sobre todo he reiterado el hecho de que primero sucedía la revolución y luego la industrialización. Los ‘teóricos’ enmendaron semejante comprobación de la invalidez del marxismo creando unos frankensteins ideológicos, el marxismo-leninismo y el maoísmo.

Hay un aspecto que pareció no advertir Marx al rediseñar la dialéctica de Hegel como método para predecir la historia: la influencia de la ideología, de su propia ideología. Así podemos ver como Rusia y luego China sí se industrializaron, pero no siguiendo el orden de cambios de modos de producción que proponía Marx, sino luego de la intervención de los marxistas y su violencia revolucionaria. En sentido estricto entonces no sería la revolución rusa la primera revolución proletaria, sino una que fue consecuencia de ella.

Luego de la apertura de Gorbachov a mediados de los 80 del siglo XX, obligado por la derrota que Reagan le infligió al final de la Guerra Fría, los varios países satélites de la URSS comenzaron a buscar su forma de sacudirse el yugo. Es a lo que se denomina las Revoluciones de 1989 que iniciaron en Polonia en 1988. Como se sabe, las huelgas del sindicato Solidaridad obligaron al régimen militar a negociar el derrumbamiento del comunismo polaco a través de elecciones libres en 1989.

Esos manifestantes dirigidos por el electricista Lech Wałęsa sí eran obreros industriales (específicamente de los astilleros de Gdańsk), no campesinos, ni intelectuales ideologizados, eran estos obreros una clase social que se había formado al amparo de la necesidad militar y política de los soviéticos en sus países satélites que requería la fabricación de armas e infraestructura.

Ellos llevan a cabo por ende la primera revolución proletaria genuina en la historia de la humanidad, tanto por su composición como por sus fines. Claro, la historia seguía sin tener la lógica que la demencia marxista le atribuye y estos obreros no buscaban desalojar del poder a una burguesía enriquecida por el comercio y las finanzas, sino a una nomenclatura militar títere de un poder extranjero.

Mural en una calle venezolana.

Mural en una calle venezolana.

Como es conocido, el éxito de Solidaridad en Polonia fue el precursor de la caída del comunismo en Europa Oriental y del mismo fin de la URSS en 1991. Al menos en Polonia, Hungría y la República Checa, estos movimientos abrieron (con sus fallas) un espacio de libertad política, de descolonización de sus países al final del siglo XX.

Sigo sin creer que la historia tenga una lógica que permita predecir el futuro, pero si se pudiese aprender algo de ella, entonces la Venezuela de hoy está mirando fatalmente en dirección de las revoluciones equívocas.

 

Imagen: http://en.wikipedia.org/wiki/File:Washington_Crossing_the_Delaware_by_Emanuel_Leutze,_MMA-NYC,_1851.jpg.

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