Por un puñado de dólares

El cambista y su mujer (1539), Marinus van Reymerswaele.

El cambista y su mujer (1539), Marinus van Reymerswaele. Imagen: commons.wikimedia.org

“The saga of American Money covers a period of nearly four centuries, (…)”

The Red Book, 2008

Pocas cosas son tan promiscuas como el dinero. Colecciono monedas –supongo que a las personalidades neuróticas les viene bien juntar objetos y ordenarlos–. Específicamente colecciono monedas estadounidenses.

Al vivir en Venezuela siempre he sabido que el dólar es valioso sobre todo porque pertenezco a la generación que vio convertirse al papel moneda nacional en papel de baño.

Pero no es esa la razón de mi hobby, al menos no la primera. En algún momento hace décadas me tropecé con un montón de monedas entre las que destacaban varios quarters conmemorativos del bicentenario de la independencia de los Estados Unidos.

Como es conocido estas monedas[1] tienen en su reverso un tambor colonial. Los two bits no conmemorativos hasta 1999 (primero con el 50 State Quarters program y luego con America the Beautiful Quarters) tenían acuñado en su reverso un águila.

Esa acuñación de motivos distintos en monedas de la misma denominación fue lo que me gustó, que el dinero cotidiano –aunque hace años que no pago nada con monedas en un país con inflación de más de 50% en el último año[2]– tuviese distintas caras. Cuando llegaron a mi colección nickles y dimes también con diferentes diseños entre sí, se selló la afición.

El contraste con las monedas venezolanas no podía ser más agudo –me refiero a las emisiones que circulan, no las destinadas solo para coleccionistas–, aquí el dinero en metálico tiene uniformemente en todas las denominaciones (salvo las monedas de más baja denominación –incluso en el nuevo cono monetario de 2007– que tienen grabado su valor y no el rostro del Libertador) la esfinge decimonónica de Bolívar que diseñó el grabador francés Barre.

Desde el nombre de la moneda y hasta los motivos acuñados, el dinero en Venezuela es una reliquia y prenda –sin valor ya– de la religión bolivariana[3] (no confundir con el culto a la personalidad chavista que si bien se enraíza en aquella, es un producto diferente). Somos en el vecindario, únicos en esta demencia.

Aunque los otros países bolivarianos (no confundir con el Club de Chulos de Venezuela denominado ALBA) también emiten monedas y medallas conmemorativas de Bolívar, lo cierto es que sus signos monetarios no son muestras del atavismo histórico que asfixia a Venezuela.

En Panamá hay balboas, en Colombia pesos, en Perú soles, en Ecuador sucres y en Bolivia bolivianos, además las economías de Panamá y Ecuador están dolarizadas –de facto la de Venezuela también–, por lo que sus signos monetarios nacionales interesan a coleccionistas, pero no sirven ya para determinar el valor de los bienes y servicios en sus economías.

Caricatura de Rayma, El Universal, Caracas, del 5 de febrero de este año.

Caricatura de Rayma, El Universal, Caracas, del 5 de febrero de este año. Imagen: http://www.eluniversal.com

El dinero venezolano es aburrido de coleccionar: la misma moneda en diferentes tamaños. Además es de dementes juntar dinero que no vale nada.

El culto a la personalidad que mencionaba antes se ha saldado con una burla: el héroe inalcanzable, el non plus ultra de la nacionalidad, le da su nombre a un signo monetario sin valor –la eliminación de tres ceros a finales de 2007 y el bautizo del bolívar como bolívar fuerte (sic) despierta mi mejor sonrisa sardónica cada vez que pago algo–, con millones de bolívares solo compras un poco, muy poco de lo que la economía centralizada en versión chambona y tropical deja que llegue al mercado (mientras escribo se debería estar llevando a cabo el último invento genial de esos economistas rojos: una “subasta” –o lo que el chavismo entiende por tal– que “fijará” la paridad cambiaria bolívar/dólar, no otra cosa que la segunda devaluación de la moneda en lo que va de año).

Por otra parte en un régimen tan retóricamente antiestadounidense se ha vinculado como nunca el bolívar con la dolar mark, pese al endeudamiento con China, Rusia, Irán y cuanto país parásito quiso venir a saquearnos (igual calculado en dólares) y a pendejadas como el sucre, nuestra economía se transa en lechugas no en simones.

Al haber dilapidado las divisas, destruido el PIB no petrolero y suicidamente también la producción petrolera, el chavismo pese a mucho Marx y mucho che Guevara, convirtió al país en un adicto duro a los billetes verdes.

Debo dejar esto hasta aquí y volver a mi puñado de dólares –hay algo profundamente libidinoso en repasar una colección, en constatar cuáles piezas faltan, cuáles se tienen–. Cada año se acuñan al menos media docena de monedas diferentes en Estados Unidos. En la variedad está el gusto dicen. Y en el dólar la riqueza[4], sabemos hoy en Venezuela.

______________

Notas:

[1] También hay diseños diferentes en esta serie para las monedas de medio dólar y de dólar.

us-gold-coin-double-eagle-1908

Imagen: coins.about.com

[3] Aunque el vínculo entre el culto a Bolívar y el dinero en realidad llega tarde a la república. Durante buena parte del siglo XIX las monedas de circulación legal eran entre otros el franco francés y el dólar estadounidense. De hecho aún hoy una de las monedas legendarias del imaginario venezolano –la otra es el pachano, que sí es local–, símbolo de mítica riqueza, es la así denominada morocota, que no es otra que la Double Eagle estadounidense, esa hermosa moneda de oro de 20 dólares –tal vez la moneda más bella nunca acuñada–, que por su color recordaba a nuestros abuelos al morocoto, ese pez amarillo del sur.

[4] Sobre la solidez del dólar hay en este enlace una lectura que sugiero: http://internacional.elpais.com/internacional/2013/11/18/actualidad/1384798643_495422.html

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