Necrocracia

Imagen AFP.

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I see dead people.  The Sixth Sense

La justa definición de lo que es el régimen chavista hoy no sería el resultado de un sesudo pero inepto análisis de un politólogo. Podría más bien corresponder a la observación de un ritual cuartelero.

En cada puesto militar del país –casi siempre bien visibles en la entrada– están enmarcadas las fotos de la cadena de mando. La primera foto –en uniforme militar– es indefectiblemente la de Hugo Chávez quien y aun considerando la falsa fecha oficial, tiene más de un año muerto.

Su imagen antecede a la de Maduro, quien retratado con los fetiches del poder civil en Venezuela, luce impostado entre todas las demás fotos de militares, no en vano se le considera más en la teoría que en la práctica el comandante en jefe de las fuerzas armadas.

Estas son el principal partido chavista luego de que gustosamente se dejarán prostituir a partir de 2003, son el sostén del régimen, los principales responsables junto a policías y paramilitares de los muertos y heridos de las últimas seis semanas.

Los más delirantes, los más fanáticos chavistas, encabezados por Maduro, quien ha confesado que habla con Chávez en forma de pájaro o que duerme junto a su tumba, creen realmente que es un muerto quien manda.

Por su parte, los chavistas más vivos, los que de verdad detentan el poder, se asumen como sus intérpretes. Porque los muertos –supremos o no– no hablan, requieren médiums o materias como dirían los alucinados practicantes de los cultos sincréticos locales.

Se debe suponer así, que el muerto le indica a los militares cómo torturar o asesinar –también cómo inclinarse ante la bota cubana– desde el más allá, a salvo de cualquier tribunal, de toda responsabilidad por las vidas segadas. ¿Cómo se juzga a un cadáver?

Hay así, algo irremediablemente roto en la sociedad venezolana sitiada entre los adoradores y mercaderes de un cadáver.

En buena medida y aunque parezca un oxímoron, un muerto es inmortal: ya la muerte no le aguarda. Entonces esa galería fúnebre que es lo primero que vemos en cada cuartel venezolano, nos dice que las fuerzas armadas –ese sádico partido político que manda en el país– le deberán obediencia a Chávez eternamente. A un militar.

Es decir: tautológicamente, como en toda dictadura, los militares solo se subordinan ante sí mismos. He ahí entonces la correcta fotografía de la satrapía de hoy.

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