Los que atacan juntos

Goya. Grabado de la serie Los Desastres de la Guerra - No. 81 - Fiero monstruo. Imagen Wikipedia.

Goya. Grabado de la serie Los Desastres de la Guerra – No. 81 – Fiero monstruo. Imagen Wikipedia.

It’s impossible for words to describe what is necessary to those who do not know what horror means. Horror… Horror has a face…

Colonel Walter E. Kurtz

 

Como ha reseñado la prensa suficientemente, el 7 de abril se cumplen 20 años del inicio del genocidio en Ruanda. Todos los periódicos lo han indicado, pero en el fondo el mundo olvidó esos muertos –murieron en el continente equivocado– hace años. El número redondo, los 20 años, es lo que la da fuelle a la noticia.

Recuerdo que meses antes había seguido la Guerra en Yugoslavia o el desastre estadounidense en la Batalla de Mogadiscio. Luego leería sobre Ruanda y a finales de ese año sobre la invasión a Haití. En un tiempo anterior a la red, las fuentes de información eran el periódico y la televisión, al menos para esto.

Ahora mismo no puedo recordar porqué me interesaba todo eso. Igual no entendí en su momento la magnitud de ese horror. Percibía tan solo que un país puede desintegrarse con sus habitantes dentro, y aunque ya Venezuela comenzaba a ser el estado fallido que es hoy, ilusamente creía que vivía en un país a salvo de masacres en las calles.

Sí; no entendía el significado de esas noticias mientras era testigo de ellas, al menos no en la forma en la que lo haría con los años. De Ruanda leía sobre violaciones masivas en las que las mujeres eran infectadas con VIH, aunque la mayoría de ellas eran asesinadas justo después.

Esa descripción del horror es una construcción abstracta, un puñado de palabras puestas en un orden convenido sobre el papel periódico en 1994 o sobre mi hoja de Word ahora mismo mientras escribo. No hay forma de entender lo que en realidad significa sin haberlo presenciado.

Antes de escribir esta entrada me tropiezo con una nota en @el_pais (http://internacional.elpais.com/internacional/2014/04/04/actualidad/1396642602_045186.html#sumario_1) en la que se describe al genocidio ruandés como el más rápido en la historia de la humanidad: 800.000 muertes en cien días.

Suelo enseñar a mis estudiantes para explicarles el grabado de Goya El sueño de la razón produce monstruos, cómo los turnos de soldados de las SS en los campos de concentración que más judíos mataban en menos tiempo, eran recompensados con un traguito extra de coñac o con unos días libres. Debo actualizar mis apuntes de clase, creo.

Goya. Grabado de la serie Los Desastres de la Guerra - No. 72 – Las Resultas. Imagen Wikipedia.

Goya. Grabado de la serie Los Desastres de la Guerra – No. 72 – Las Resultas. Imagen Wikipedia.

800.000 muertos. De nuevo la abstracción que dificulta entender. La masa de muertos que oculta a la muerte misma. No puedo imaginar 800.000 cadáveres. Supongo que pocas personas sanas pueden.

Distingo mejor los detalles. Y del genocidio en Ruanda hay dos que recuerdo. El primero es que el arma principal con la que se asesinó, el machete, fue importada de China. Confirmo en http://www.escuelapedia.com/genocidio-en-ruanda/, que Ruanda le compró medio millón de machetes a China usando la financiación para el desarrollo que le daba Francia. En los meses previos al horror, los contenedores repletos de baratos machetes chinos aguardaban en las aduanas.

El otro detalle es sutilmente racista. Una periodista francesa –ya no puedo recordar los datos como para citarla, ese blanqueamiento inexorable de la memoria es una de las razones por las que me desagrada el paso del tiempo– hablaba de su experiencia en los Balcanes y la comparaba con Ruanda. Se sentía culturalmente cercana a los asesinos serbios y distante de los africanos. Explicaba que por ejemplo Radovan Karadzic era un poeta reconocido en su país antes de la guerra, o que podía hablar en francés con ese o los otros líderes serbios sobre música académica. Tal empatía no le era posible con los carniceros hutus y tutsis.

El nombre en kiñaruanda de los paramilitares hutus responsables de la mayor parte de las muertes hace 20 años es Interahamwe: “Los que atacan juntos” es una de las traducciones de esa palabra, un eufemismo siniestro. Sin duda los describe. En Ruanda, en Bosnia, en donde sea que las masacres y genocidios cumplan décadas, los asesinos matan juntos, en jaurías, en hordas. Siempre.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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