Edificios firmados

Architecture is the art of how to waste space.

Philip Johnson

 

Es un tópico que el Guggenheim Bilbao firmado por Gehry revitalizó esa ciudad. La sacó de su languidez post-industrial[1].

Sin embargo es discutible el valor arquitectónico de ese edificio. De hecho es otro lugar común que el Guggenheim Bilbao se asemeja –no hay otra forma de decirlo– a la cagada de un robot gigante: una masa de metal informe –deconstructivista dicen los críticos– que jamás será una ruina. Es un edificio ahistórico como ni siquiera el más desaforado estilo internacional soñó.

En la era de la arquitectura postmoderna los arquitectos estrella van dejando su firma –o su cagada– en las ciudades: el Gherkin en Londres, el Palacio de las Artes en Valencia, España y así. Aún más: franquician su firma, por lo que cualquier país nuevo rico puede tener también su propio mojón firmado por una vedette de la arquitectura.

Pese a que Venezuela hace mucho dejó de ser un país nuevo rico, aquí también tenemos edificios firmados, aunque no por un arquitecto.

Con los damnificados que dejaron las lluvias en 2010, luego de 11 largos años de régimen chavista, se descubrió que existía en el país un grave déficit de casas.

La solución obvia fue una estafa, vale decir, una “misión”, una de esas corruptas maneras de crear –como todas– una clientela que mantuviese al chavismo en el poder sin usar mucho la fuerza.

Pero como la marca ya estaba agotada hacía varios años –sirvió para ganar fraudulentamente el referéndum de 2004 y nada más–, la propaganda roja se fusiló a sí misma y pergeñó aquello de “[Gran] Misión Vivienda Venezuela”.

Antes o después –si no se les derrota– tendremos la “Mega Gran Misión” o la “Súper Mega Gran Misión”. El fracasó colosal descrito en el nombre de cada ‘misión’.

Gaudí usaba trencadís y Mies van der Rohe solo acero y vidrio para cubrir sus edificios respectivamente. El chavismo –no se le podía pedir más– hace lo propio con pintura roja y negra con la cual dibujan los ojos –a veces les salen bizcos– y la firma de Chávez en las paredes de esos edificios de viviendas sociales que construyen a un ritmo que jamás alcanzará la demanda.

Estos edificios están llenos de fallas porque fueron mal concebidos –¿qué país llena la principal avenida de su capital con edificios de viviendas sociales?–, y peor ejecutados, porque serían ocupados por pobres.

Más allá de deficiencias que algún trasnochado marxista podría considerar lujos burgueses, como por ejemplo el que no tengan estacionamientos –el chavista way of life condena a los pobres al transporte público o a motos chinas de baja cilindrada–, ni áreas verdes; hay fallas en la construcción de estos bloques que los convertirán en ruinas prematuras. Puede leerse al respecto en estos enlaces: http://www.el-nacional.com/caracas/Constataron-fallas-obras-Mision-Vivienda_0_62993817.html y http://www.eluniversal.com/caracas/140525/mision-vivienda-construye-en-zonas-de-riesgo-en-los-corales, respectivamente.

Al repetir la urbanización caótica y deficiente de los barrios marginales que las lluvias derrumban cada cierto tiempo, estos edificios sólo son una versión en propiedad horizontal de esos barrios, con la consecuente violencia criminal, como podemos leer en estos enlaces: http://www.el-nacional.com/sucesos/paz-habita-urbanismos-Mision-Vivienda_0_246575504.html y http://www.eluniversal.com/caracas/140504/delincuencia-gano-espacio-en-la-mision-vivienda, respectivamente.

Con estos edificios el chavismo no está urbanizando, no se incluye a los marginales (tal vez sobra la explicación de que estos son quienes están al margen de la ciudad, de sus servicios, de su comunidad política), sino que se marginaliza la ciudad toda. El siguiente artículo de @revistaclimax muestra una mejor perspectiva de lo que trato de decir: http://elestimulo.com/climax/gran-mision-viviendas-las-ciudades-del-gigante-muerto/.

Se está reproduciendo el gueto al considerarse que estos edificios fueron construidos por chavistas (una mentira corrupta) para uso exclusivo de otros chavistas –varios funcionan como centros de votación ad hoc donde adivinen quién siempre gana–, sin posibilidad de integración con el resto de la ciudad aun si fuesen mitigados los graves problemas de convivencia que generan como focos de violencia criminal.

Como se sabe una de las premisas del movimiento moderno en arquitectura es que la modificación del espacio debía tener como objetivo hacer mejor la vida de las personas. Sin embargo los edificios de viviendas de gran densidad probaron no ser la vía para esto. El régimen no tenía que buscar mucho para constatarlo: ahí está la urbanización 23 de Enero de Caracas como recordatorio.

Los bloques de viviendas de Le Corbusier fueron otra pesadilla soñada por la razón, no en balde a su Unité d’Habitation en Marsella se le apoda ‘La casa del loco’. Le Corbusier con este edificio es el precursor del estilo brutalista. Nosotros no podemos aspirar a tanto, lo más que podemos presumir es que nuestros arquitectos [rojos] son brutos.

Los arquitectos posmodernos suelen citar en sus edificios estilos anteriores, casi siempre como una burla, como un remedo. Los edificios chavistas ‘firmados’ también hacen una cita de períodos pasados: nos recuerdan con sus deficiencias y segregación a la mayoría de las urbanizaciones populares de la última etapa del período 1958-1998. Hacen la misma declaración explícita de las tardías políticas de vivienda adeco-copeyanas de que los pobres no merecen vivir en un lugar decente.

Es innegable que –y pese a ser una muestra más de corrupción[2]– el meta discurso en las firmas y ojos que cubren las paredes de esos edificios tiene sentido: ¿quién sino Chávez firmaría y supervisaría tales colmenas para seres humanos?

En Venezuela hay gente que tiene la firma de Chávez tatuada en la piel y vive en casas que tienen la misma firma en sus paredes. La satrapía usa el kitsch –que todos pagamos– para emular la distopía de Orwell.

Al inicio aludía al Guggenheim Bilbao como la cagada de un robot gigante. Bien, los edificios ‘firmados’ por Chávez tienen en común con ese museo que también son la cagada puesta por un gigante.

 

[1] Se suele obviar el peso que tuvo el metro en esa revitalización de la ciudad.

[2] El siguiente enlace contiene información relevante sobre la corrupción vinculada a estas obras públicas: http://www.derechos.org.ve/pw/wp-content/uploads/2do-GMVV.pdf

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