Killer app

Postales con  el Correo de Carmelitas, Caracas.  Imagen: articulo.mercadolibre.com.ve/

Postales con el Correo de Carmelitas, Caracas.
Imagen: articulo.mercadolibre.com.ve/

The best documented claim (Xenophon) attributes the invention to the Persian King Cyrus the Great (550 BC),[4] who mandated that every province in his kingdom would organize reception and delivery of post to each of its citizens. He also negotiated with neighbouring countries to do the same and had roads built from the city of Post in Western Iran all the way up to the city of Hakha in the East.

Wikipedia

No creo que siempre el futuro será mejor que el presente, o que éste invariablemente supere al pasado. Con frecuencia los cambios que ha traído la aceleración moderna del tiempo solo han empobrecido la vida. Al menos la mía.

Una killer application es una muestra de lo que digo. No creo que haber cambiado el correo postal por el correo electrónico –quizás tampoco el que los hombres hayan dejado de usar sombrero–, haya sido un avance. No sé definir con precisión lo que se perdió, pero creo que un mundo en el que no se escriben cartas en papel[1] es un mundo más chato, menos civilizado.

Algo similar pasa con el periódico –por no hablar de los libros–. Hoy en día las redacciones digitales tienden a engullir el periodismo y en los cafés ya casi no se oye el crujir de las páginas: ahora solo se ve el silencioso deslizar de dedos sobre una pantalla. La ablución mañanera con su ritmo, con su olor y manchas de tinta fue sustituida por algo no necesariamente mejor.

En Venezuela tenemos la paradoja de que no son los avances tecnológicos los que nos están dejando sin periódicos, libros impresos, medicinas, dignidad o servicio postal. No podía ser de otra manera: en vísperas del siglo XXI el país eligió para dirigirlo a un ignorante enamorado de las cargas a caballo del siglo XIX.

Siempre hemos sido una nación primitiva, atrasada, pero antes nos engañábamos un poco manipulando como monos ese sucedáneo de modernidad encarnado en la tecnología. Ya ni siquiera tenemos ese espejismo.

Así, hoy en Venezuela no hay servicio postal público porque hayamos superado a la mensajería instantánea, los mensajes de texto o twitter para comunicarnos –de hecho tenemos la velocidad de conexión más lenta del continente–, sino porque no hay con qué pagarle a las aerolíneas para que transporten la correspondencia[2].

Por esto, en un país que pretende emular al más rancio comunismo, tanto por el abandono del correo público –que nunca fue bueno por decir lo menos– como por la escasez, uno de los negocios más florecientes es el de los courriers privados. Para tratar de ocultar un poco la escasez que alcanzaba más de 20% en la última medición publicada, ningún servicio puede transportar dentro del país alimentos o medicinas. De todo lo demás que no se consigue están abarrotadas las oficinas de esos courriers.

Emisión rusa de estampillas con la cara de Chávez. Imagen: ve.globedia.com/

Emisión rusa de estampillas con la cara de Chávez. Imagen: ve.globedia.com/

Hoy traté de mandar una postal a Rusia, a una pequeña ciudad de Los Urales –tengo manías como mandar cartas escritas a mano y cometo estupideces como usar el correo público–, aunque hace unos meses sin saberlo me habían estafado cuando pagué por el franqueo de otras postales que nunca llegaron a su destino.

Aun sabiendo que no podía entregar mi correo –porque desde finales de 2013 el servicio postal venezolano no despacha correspondencia fuera del país–, alguien hizo la pantomima de pesarlo, decirme cuánto era, pegarle las estampillas y darme una factura que sirve –esta es la mejor parte de la burla– para seguir en la red el recorrido de la correspondencia hasta su destino. La única diferencia entre Ipostel y DHL –aparte del color amarillo por supuesto– es que Ipostel no entrega el correo[3].

Creí que como se trataba de Rusia; un aliado, una fuente de inspiración –u otro chulo que nos desangra, todo depende de cómo se mire–, no habría ningún problema, a fin de cuentas Rusia encarna al enemigo por antonomasia del Imperio[4] y las comunicaciones cuando se trata de que nos vendan armas son muy fluidas.

Pero no hubo suerte: una empleada me indicó que ‘tenemos problemas con Rusia’ –creo que al comandante galáctico no le hubiese gustado oír eso–, y además ‘solo entregamos cartas a países de América y Europa’ –me pregunté con sorna por la integración Sur-Sur, por el mundo multipolar y demás sandeces de redención tercermundista pagadas con petróleo venezolano–.

Traté de explicarle a la tovarich que la ciudad de Белебéй a la que escribía queda exactamente en la frontera entre Europa y Asia, pero fue inútil. Venezuela, el país potencia según la delirante propaganda más reciente, no despacha correspondencia a Rusia.

Quién puede dudarlo: el chavismo es una letal y demencialmente absurda killer application: nos obliga a sustituir laparoscopías por oraciones a José Gregorio Hernández, nos impone el uso del desodorante roll on, o hace que cambiemos la luz eléctrica por velas.

_____________________________

[1] Algún idiota podría alegar la ventaja ambiental de no escribir cartas en papel y no imprimir libros o periódicos, pero lo haría sin considerar el impacto ambiental del uso de la tecnología digital. Piénsese a título de ejemplo en la huella de agua que deja la fabricación de una tableta.

[2] Incluso un pasquín chavista como Últimas Noticias lo reseñó así: http://www.ultimasnoticias.com.ve/noticias/actualidad/politica/denuncian-fraude-de-ipostel-en-envios-internaciona.aspx.

Timbre fiscal con la cara de Chávez. Imagen: correodelorinoco.gob.ve/

Timbre fiscal con la cara de Chávez.
Imagen: correodelorinoco.gob.ve/

[3] El servicio postal público fagocitado como todas y cada una de las instituciones del país, no despacha correo al exterior porque se le debe a las aerolíneas –y dentro de las fronteras por simple ineptitud–, pero desde abril de 2013 Ipostel ha impreso al menos un par de emisiones (también Bolivia, Irán y Rusia han hecho emisiones ‘chavistas’) de millones de estampillas –tanto postales como fiscales, para que no olvidemos que no hay diferencia entre el patrimonio público y el de la banda en el poder– con la cara de Chávez. Si no entregan el correo, ¿para qué coño emiten sellos postales?

[4] Si se escribe a Estados Unidos desde Venezuela, Ipostel no solo no entrega el correo, sino que además pide una copia de la cédula de identidad para que algún esbirro la archive.

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