Dementia versus Superman

El regreso del Caballero Oscuro de Frank Miller. Imagen: diario.latercera.com/

El regreso del Caballero Oscuro de Frank Miller. Imagen: diario.latercera.com/

Il me semble qu’en ce qui concerne le contrôle des individus, au fond, l’Occident n’a eu que deux grands modèles (…)

Les Anormaux. Michel Foucault

A ver: hoy se celebra otro aniversario del nacimiento de Marx, pero luego de 16 años de quincallería ideológica chavista, prefiero escribir sobre Batman.

Hace unos días hablaba con una colega sobre las máscaras que usamos, ese manido pero perturbador lugar común de los múltiples rostros que les mostramos a los demás.

Estando en eso, Zack Snyder liberó el tráiler de Batman v Superman: the Dawn of Justice (que puede ser visto en este enlace: https://cinemathon.wordpress.com/2015/04/18/do-you-bleed-o-cuando-batman-reto-a-superman/, con una reseña interesante del blog Cinemathon). Recordé entonces que Batman me gusta precisamente por lo que nos dice sobre las personalidades escindidas.

Batman –sobra que lo diga– es una reinterpretación de Dr. Jekyll and Mr. Hyde, solo que a Bruce Wayne la violencia es lo que le sirve de pócima. Porque con la excepción del Batman camp de los 60, Matches Malone es un esquizoide –como nos lo muestra muy nítidamente Tim Burton– al que Christopher Nolan convierte además en un paramilitar, uno que existe para defender una sociedad a la que no puede pertenecer ni siquiera disfrazándose de Bruce Wayne[1].

En buena medida las películas de súper héroes han podrido el cine. En la última década y media he calculado al menos 30 de ellas ¡una cada seis meses! (hay una comparación actualizada entre las películas de Marvel y DC en este enlace: http://www.washingtonpost.com/news/wonkblog/wp/2015/08/14/the-biggest-superhero-movie-flops-and-successes-of-all-time/?tid=sm_tw), por lo que ya hay quien habla de al menos un subgénero.

Imagen del vídeo juego Batman Arkham Knight. Fuente: somosxbox.com/

Imagen del vídeo juego Batman Arkham Knight. Fuente: somosxbox.com/

Si bien es cierto que al principio franquicias como la de los X-Men tenían algo original que decir[2], hace demasiado tiempo ya, lo único que nos dicen las películas de súper héroes es que –casi cito textualmente a Fredric Jameson– nuestra cultura es hoy un simulacro, sin historicidad, no expresa ninguna emoción y está llena de tecnología reproductiva como las computadoras (en todas sus versiones) y la televisión.

El mismísimo Alan Moore se quejaba de la incidencia de los cómics en la cultura –los llamaba ‘catástrofe cultural’ en una entrevista que puede ser leída en este enlace: http://cultura.elpais.com/cultura/2014/01/22/actualidad/1390412516_018602.html–.

El Iron Man que nos dice en una audiencia del Congreso de los Estados Unidos ‘Yo privaticé la guerra’ o el segundo Batman de Nolan que espía a todos los ciudadanos de Gótica para cazar a ese anarco terrorista que es el Guasón, tal vez fueron las últimas veces[3] en las que los blockbusters de hombres en trajes de plástico fueron productos culturales interesantes.

Ayer, mientras veía The Avengers: Age of Ultron confirmaba esa decadencia. Pero como –¿a qué negarlo?– soy un sosías de Jeff Albertson –supongo que la frase ‘He desperdiciado mi vida’ será mi epitafio– aún tengo esperanzas de una última película de súper héroes decente.

Ese santo grial debería ser la ya mencionada Batman v Superman: the Dawn of Justice. Como es conocido, en The Dark Knight Rises había una referencia literaria de primera: Historia de Dos Ciudades de Dickens –que los productores pervirtieron en un pendejo final feliz–. En el tráiler de Batman v Superman (…) hay una tal vez mejor: cuando vemos una estatua de Superman vandalizada con la frase Falso Dios, la remisión al libro del Éxodo es casi automática.

Pareciera que el argumento de la película es que la humanidad –esa muchedumbre de primates siempre dispuesta a adorar becerros de oro– erige en dios al extraterrestre de Superman, pero a Batman tal orden le incomoda.

No puedo evitar preguntarme por qué alguien no querría vivir bajo la égida de un dios –esta vez sí– todopoderoso; que no necesita arrasar a la humanidad con diluvios, sino que más bien puede protegerla de los diluvios que ella misma fabrica suicidamente.

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Imagen: newyorker.com

¿Por qué Batman pelearía contra una teocracia, una con un dios hecho carne de acero[4]? Antes peroraba sobre la naturaleza esquizoide de Batman (el de Schumacher por ejemplo se debate entre ser Bruce Wayne, Batman, homosexual o heterosexual), bien; su rechazo a la supercracia podría ser consecuencia precisamente de esa locura.

El inconforme, el que no acepta el orden, es el loco. La locura siempre es social, un concepto que la sociedad confecciona a medida de quienes no pueden –o no quieren– limar sus puntas para encajar.

No encajar aunque se intente desesperadamente, que quien somos –nuestras máscaras– no sea aceptado, genera el tipo de demencia que me encantaría ver en una película de súper héroes.

_______________

Notas:

[1] Aunque podría sostenerse que la sociedad toda del mundo de Batman es torcida. Aquí un vistazo: http://cultura.elpais.com/cultura/2014/07/02/album/1404306709_449471.html#1404306709_449471_1404307510.

[2] Brian Singer actualizó la condición de los X-Men (con la película que inaugura la actual oleada en 2000) como minoría marginada (como se sabe, estos se inspiraron en el movimiento por los derechos civiles de los 60: el Profesor Xavier sería un sucedáneo de Martin Luther King, mientras que Magneto sería una versión de Malcolm X), dándole cierto toque de la clandestinidad a la que se ve obligada la comunidad gay.

[3] Antes citaba a Alan Moore, bien, podría incluir en esta lista a la malograda The Watchmen.

[4] Es imposible no advertir que el exiliado de Krypton es una trinidad: Kal-El, Superman y Clark Kent. O en términos menos teológicos reuniría las tres facetas de la personalidad según Platón: quien somos, quien otros creen que somos y quien creemos que somos.

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