Cartón de identidad

Imagen: confirmado.com.

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Identidad es sentirse en casa con otras personas con quienes se comparte la identidad.

Manuel Castells

De todos los papeles que un venezolano puede tener en su cartera –obviando los billetes– el más lastimoso es la cédula. Un pedazo de plástico que se deteriora como si fuese de cartón y que adquiere con asombrosa rapidez ese color sucio característico. Viéndolo detenidamente es el documento más lastimoso como decía, pero al mismo tiempo es el más representativo de la nacionalidad –de nuevo obviando los billetes–.

No tiene, que yo sepa, ninguna característica de seguridad (las promesas de cédulas electrónicas hacen salivar a los que ganarían millones con el sobreprecio y los sobornos de la ‘licitación’ respectiva, que triangularía nuestra metrópoli cubana que ya es responsable de la cédula actual), de ahí que sea tan falsificable que es común que incluso un delincuente de poca monta tenga varias cédulas como herramientas de trabajo. Es tan precaria la mamarrachada esa que las cédulas deberían servir como material de reciclaje para que los niños hicieran manualidades en la escuela. Como las paletas de helado.

Pedirle que le dé un vistazo a su cédula es mi mejor argumento para rebatir a un pendejo cuando me dice que Venezuela es el mejor país del mundo –algo que pasa con exagerada frecuencia con mis estudiantes que ya al final del sistema educativo es una de las pocas ideas que pueden rumiar–, ni siquiera que considere el subdesarrollo que representa el proceso para obtenerla, o la cedulación masiva para alterar elecciones, solo que agarre la cédula y la compare con cualquier otro documento: las tarjetas del banco, la licencia, lo que sea que tenga en su cartera.

Imagen: noticias24.com/

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Esta entrada viene a cuento porque en su intento de que nos olvidemos de la miseria y el latrocinio, y liderados por un hombre cuya nacionalidad ha sido cuestionada, el chavismo ha echado mano de esa cosa rancia llamada nacionalismo.

Ahora mismo el ‘frente’ está abierto de nuevo con Colombia, a la que se pretende erigir en chivo expiatorio del cartón de huevos a 1200 bolívares con el cierre de la frontera y la deportación de centenares de sus nacionales (estos enlaces tratan el tema: http://internacional.elpais.com/internacional/2015/08/23/actualidad/1440297989_432766.html y http://internacional.elpais.com/internacional/2015/08/21/actualidad/1440184825_034820.html, respectivamente), pero hace unas semanas, Guyana era el enemigo.

Como parte de la ‘ofensiva’ para recuperar lo que Chávez regaló por pedido de Cuba, un coronel –recordé el manido oxímoron de la frase ‘inteligencia militar’– propuso que se emitieran cédulas venezolanas en la zona en reclamación, vale decir, que se cedulara guyaneses.

Como marca de distinción –ya no es suficiente el número alto que solía distinguirlas–, desde finales del años pasado, las cédulas de los venezolanos por naturalización y las de los extranjeros residentes, se emiten con un color amarillo burdel muy del gusto de la estética chavista. Un documento chillón y desechable es la seña de identidad para quienes quieran abrazar la nacionalidad venezolana.

d ven 4-1Por qué querrían los guyaneses o cualquier otro pueblo sobre la tierra ser venezolanos luego de mirar ese pedazo de mierda que aquí llamamos cédula de identidad, si los que nacimos aquí estamos huyendo del país como de la peste.

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