Militares

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Imagen: Fundación Fotografía Urbana

… la convicción de que el nuevo Ejército es heredero directo del Libertador lo hace, también, heredero del derecho a seguir construyendo la república, es decir, gobernándola.

Tomás Straka. La República fragmentada

 

No hay ninguna salida democrática en el futuro de Venezuela. Solo el arbitrio de los militares. Los dirigentes de ambos bandos lo saben, la sociedad en medio tal vez no.

Solo cambiaremos la dictadura chavista –si lo logramos– por una democracia tutelada, por un simulacro. Una transición como la chilena, pero con militares narcos. De ahí el impúdico coqueteo opositor con los militares, a los que se les pide que; o den el golpe o ayuden a darlo.

Supongo que no hay otra forma, si al final se despejó la incógnita –creo que solo nos hicimos los pendejos todo este tiempo– y el chavismo dejó de ser un régimen híbrido –había dejado de serlo cuando derogó la Constitución de 1961 por un medio no previsto en ella– al cancelar el referendo revocatorio, para asumirse por fin como una dictadura en la que mandan los militares –esos rateros cebados–, ergo, una dictadura militar, entonces es con ellos con quien hay que entenderse. Como siempre.

En buena medida la ‘Toma de Venezuela’ de este miércoles 26 de octubre fue un desfile de la sociedad civil ante los militares, para decirles que un golpe no estaría mal esta vez, que sería potable porque emularían la gesta de 1958 al patearle el culo al dictador gordo y estúpido de turno. Al dictador que ellos sostienen.

La oposición no quiere derrotar a los militares: los quiere como aliados. Tal vez porque no sabe cómo, por miedo o porque no quiere pagar el precio. Si quisiera derrotarlos no trataría de seducirlos con propaganda cursi: les advertiría que deben pagar todos estos años de pretorianismo.

De momento parecen bastar las cabezas de los chavistas civiles, esos recaderos de los militares, y de hecho es así si lo que se quiere es un ajuste en el lodazal, pero no una democracia.

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Derrocar

Hace un rato arrugaba el papelito donde había anotado la escuela en la que la página web https://revocalo.com/ me sugería ir a firmar para solicitar el revocatorio del hijo de puta de Nicolás Maduro.

Debo estarme haciendo viejo, o tal vez ya acepté mi derrota. No sentí esa ira arrasadora como la de agosto de 1999 mientras el chavismo liquidaba la democracia al disolver el Congreso, ni la de agosto de 2004 con ese resultado fraudulento construido durante meses, tampoco la de hace dos años con su ristra de torturados y muertos.

La clausura del referéndum revocatorio –algo que sabíamos que pasaría– ha acelerado los planes de irse de los que me rodean, acercándome más a tener que abandonarlo todo, con la única certeza de la incertidumbre.

Siento una arrechera fría, unas ganas de destruir metódicamente, en silencio. He detestado profundamente al chavismo desde que se hizo con el poder, antes de eso solo eran una secta, una especie de evangélicos pendejos que seguían a un llanero bruto y ladrón. A ellos este maldito país salvaje les dio el poder. Por casi la mitad de mi vida he vivido en la sentina que fabricaron.

Durante todo ese tiempo he atestiguado los más absurdos mecanismos que ha empleado esta sociedad para deshacerse de la tenia que voluntariamente tragó. Absurdos porque han oscilado entre la insurrección amateur y la legalidad barroca de la república que nunca hemos sido.

También he mirado, como cualquier otro, la complicidad, la indiferencia, la entrega. Hoy seguíamos con nuestras colas de miseria, con nuestros pequeños planes mientras UNT pagaba la libertad de Rosales traicionando al país.

No quiero irme, no aún. Quiero ser turba que derriba estatuas y que saca tiranos cagados de las alcantarillas para luego arrastrarlos por las calles. Quiero derrocar.

Maduro y su padrino mágico

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Imagen: fairlyoddparents.wikia.com/

That’s all Folks!

 

Me tardé unos días en escribir esto pensando que se me habían adelantado. Pero no, nadie más, de todos los que han escrito, satirizó así la cobarde abdicación de Nicolás Maduro.

En buena medida es un lugar común identificar al chavismo con una comiquita, ¿qué podría ser más infantil que Chávez pretendiendo ser un Simón Bolívar con verruga al tiempo que imitaba a Fidel Castro? ¿En el universo pop venezolano que podría representar más un dibujo animado que Maduro?

Aunque el dolor y la miseria que estas caricaturas han dejado producen una terrible discrepancia con lo que es un divertimento para niños, lo cierto es que asumir la peste roja como una banda de muñequitos de colores en movimiento es paradójicamente una exacta descripción. Un mundo de ficción, un discurso cursi y violento al mismo tiempo que pudre una sociedad idiota.

Como se sabe, desde finales de los ochenta del siglo pasado, hubo una reinterpretación de las comiquitas y de las historietas (cartoons and comics). En los primeros resulta la versión que de las icónicas parejas como Tom y Jerry encontramos en Ren y Stimpy (The Ren & Stimpy Show). Hay incluso, en estas comiquitas todo un alegato feminista (escondido en la cultura pop más chiclosa) en The Powerpuff Girls.

Pero tal vez el nihilismo y la alienación de los Millennials están muy bien camuflados en esa comiquita, Timmy y los padrinos mágicos (The Fairly Oddparents) –sé que dejo de lado a Los Simpsons y a South Park–, en la que un niño pendejo solo tiene que pedir lo que sea para ser complacido.

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Imagen: el-nacional.com/

Al abdicar el poder que heredó en el gorila de Padrino López, Nicolás Maduro actúa exactamente igual que Timmy cuando pide una bicicleta: ¡Padrino concédeme que el hambre no me derroque!

Se ha mencionado hasta el hartazgo que en El tambor de hojalata, Oscar es un adulto con el cuerpo de un niño, precisamente porque Günter Grass hace la metáfora de una sociedad infantilizada que fatalmente debía engendrar al nazismo. Nosotros, los venezolanos, esos adultos ineptos incapaces de construir una comunidad política, también usamos el ruido como arma y nos negamos a crecer.

Lo que me preocupa no es que esa caricatura trágica que es Maduro haya terminado de entregar el poder político que nunca le perteneció, a sus verdaderos dueños desde que el chavismo se hizo con él, sino que hoy, la sociedad toda ve en los militares a sus padrinos mágicos.

Bolsas

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Imagen: elsiglo.com.ve/

Las muy asquerosas devoraban el aire: se habían propuesto rendirnos por asfixia.

Ednodio Quintero. La danza del jaguar

 

Racionar la comida en Venezuela, distribuyendo el hambre en bolsas, he ahí la más terrible y humillante constatación del fracaso chavista. Ni siquiera los apagones o los muertos de mengua en los hospitales alcanzan esta cota. Es el hambre.

Desde el cinismo chavista se nos dice que este es el non plus ultra del Estado asistencialista, el epítome del keynesianismo. Usan propaganda pagada por todos nosotros, los indigentes, para decirnos que no hay más allá en las políticas públicas que obligarte a hacer una cola por una bolsa con algo de comer, lo que queda, lo que ellos eligen que comas si te postras o pagas al malandro a cargo.

¿Se lo creerán ellos mismos? ¿Esos parásitos rechonchos que desangraron a Venezuela? No: ellos saben perfectamente que es un desesperado intento por evitar que el hambre los derroque.

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Imagen: noticierodigital.com/

Cuando pienso en el racionamiento de comida no puedo dejar de comparar las imágenes de Chávez recién llegado al poder con las que tenía al final, porque incluso antes de que los esteroides lo inflaran dándole esa apariencia tan congruente de sapo monstruoso con la que se murió; era un tipo gordo, bien alimentado. Su legado mismo encarna en la barriga de Maduro, ese otro inepto adiposo.

Rosendo, Raúl Salazar, esos generales hincados de la primera hora, también exhibían sus prominentes estómagos. Los demás militares, los flacos, pronto se sentarían ante el festín. Barreto aún tiene sus abundantes capas de grasa, ¿la mantendrá comiendo solo lo que viene en las bolsas de la humillación?

No, claro que no, porque los gerifaltes chavistas llegaron para darse un atracón de patria, para devorar. A veces, al sacudir la mesa caían algunas migas para los chavistas pendejos, y para el resto de nosotros. Hoy solo quedan las sobras en esas bolsas.

Es trillada la aseveración de que los griegos consideraban que quien no podía gobernarse a sí mismo tampoco podía gobernar a otros. Por eso supongo que el país merece esta humillación por haberle dado el poder a un delirante que no podía contenerse.

 

Mamando

Mal amamantada 
y el tetero de petróleo que se acaba. 

Desorden Público

 

No es una idea original. Está en el diagnóstico de algunos de los más agudos pensadores del país desde hace décadas. Lo que determina el atraso de Venezuela es su economía rentista, que además pone exclusivamente en manos del Estado esa renta.

Aun así no creo que el petróleo sea una maldición. Al llamarlo ‘excremento del diablo’, Pérez Alfonso solo delataba la aversión de los vestigios de una sociedad agrícola por la industrialización o la misma modernidad. La parte más premoderna de la nación pretende, aun en el siglo XXI, un regreso a esa supuesta arcadia natural que cosechaba café, tabaco o cacao. Tal vez eso explique nuestra incapacidad para hacer ciudades viables.

Por el contrario, el petróleo constituyó el único medio de aspirar a una vida civilizada como nación. Algunos de los estudios de Asdrúbal Baptista muestran cómo a principios del siglo XX nuestra economía era peor que la de Haití. Eso explica las epidemias de malaria, bilharzia, analfabetismo o caudillismo.

La erradicación del paludismo, la masificación de la educación, las autopistas, la Ciudad Universitaria, el whiskey, la prepotencia del gentilicio –ya desparecida ante las humillantes colas por comida–, y en fin todo lo que nos separó a partir de 1958 del atajo de campesinos muertos de hambre que fuimos desde la Independencia, se lo debemos al petróleo. Fueron esos logros los que precisamente destruyó el chavismo.

Pero ese modelo fue pensado para ser provisional, el petróleo debía ser un medio, no un fin. No otra cosa es la conclusión de ‘Venezuela, política y petróleo’ de Betancourt, que inspiró la política petrolera venezolana incluso hasta la Apertura de 1998. Un medio, se pensaba, para la industrialización, la diversificación de la economía, para –y esto delata aún más nuestro amargo fracaso como sociedad– hacernos menos dependientes.

Tal vez la otra utilidad que le encontró la clase política al petróleo, pervirtió el primer fin. Como ha sido ampliamente estudiado, el régimen que nace en 1958 es uno de conciliación de élites –cercano a la poliarquía de Dahl– que requería el ungüento del petróleo para funcionar, el petróleo debía disminuir las fricciones de la sociedad dándole a cada quien lo suyo.

Porque que el petróleo le dé a cada quien lo que quiere, es la verdadera noción de justicia que define al venezolano; solo tenía que pedir su barril en forma de unas láminas de zinc para el ranchito, cupos en la universidad para los hijos de profesores, una beca Gran Mariscal, chatarra militar o gasolina barata.

A partir de ahí, la economía ya nunca andaría sin la muleta del petróleo, la nación misma cojearía vacilante hasta desembocar en la postración actual. Una postración que es en gran medida elegida, una decisión consciente del país. Porque cada vez que se intentó hacernos menos dependientes del petróleo, cada vez que se intentó liberalizar la economía, la sociedad eligió andar hacia atrás con los políticos más populistas, más ineptos, los que solo ofrecían repartir renta.

Carlos Andrés Pérez advirtió en su segundo mandato –con la oposición virulenta de su partido Acción Democrática–, en una de las más agudas ironías de nuestra historia, que el modelo que él mismo había fabricado a finales de los 70, ese en el que la nación vive del Estado y este a su vez del petróleo, ya no daba más. Sus reformas fueron respondidas con esa orgía que tan bien nos retrata como sociedad que fue El Caracazo, y luego con su defenestración pseudo legal. La Agenda Venezuela de 1996 –que Caldera pospuso irresponsablemente por dos años– se saldó con la elección de Hugo Chávez.

He ahí la evidencia que nos delata como mamadores de renta petrolera cual piara de cerditos. El chavismo –a pesar de las pendejadas de hoy sobre producir, luego de que se robaron todo– solo ofrece satisfacer esa perentoria necesidad nacional. Con la peste roja el barril de crudo se transformó en el Dakazo, en apartamentos gratis pero mal construidos, neveras Haier, cupos de dólares, Pastor Maldonado chocando en cada válida de la F-1, chatarra militar o gasolina barata.

Aun luego de las colas por comida o medicinas, el país no quiere que lo desteten, no quiere pagar lo que vale la electricidad, el agua o la educación. Quiere seguir mamando.

Nalgas irritadas

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Imagen: panalesentucasa.com.co/

La cara se ríe del culo y así traza de nuevo la raya divisoria entre el cuerpo y el espíritu.

Octavio Paz. Conjunciones y disyunciones

 

Siempre he identificado a Henrique Capriles como el opositor de más larga data contra el chavismo, al menos de los presidenciables hoy, incluso por encima de Leopoldo López. Debe ser porque, como aspirante a abogado, tengo muy presente su investidura como presidente de la Cámara Baja en 1999 –producto de un sorteo con el que se salvó la imposibilidad de escoger civilizadamente a la directiva del Congreso que sería cerrado poco después–, siendo diputado por Copei, una condición que en aquella época equivalía a la de un leproso.

Al mismo tiempo es uno de los que más ha cambiado: de ser un abogado tributarista, con cierto deje tecnocrático pasó a ser tal vez el que derrotó al chavismo por primera vez en unas presidenciales[1] –esas elecciones sucias a las que la oposición va a hacer calistenia–.

Eso se nota particularmente en su lenguaje. En la forma, puede emular las mismas carencias educativas de la neolengua chavista, en el contenido; a veces al oírle se concluye que el chavismo es bueno solo si no lo administran los chavistas. Habla como un Henri Falcón pero con mandibuleo de Las Mercedes.

Tal vez mi análisis peca de esnobismo y Capriles es solo un político avezado que entiende que tiene que ser un sucedáneo de Chávez para gobernar un país profundamente chavista en el que desde la Colonia hemos aspirado a vivir mamando de la teta del Estado como parásitos tropicales endémicos. Tal vez, luego de 17 años del carcinoma rojo, nadie en este país es capaz de hablar sino es en neolengua chavista.

Toda esta larga introducción viene a cuento porque hace un rato se hizo tendencia en twitter la etiqueta #ChúpaloMaduro, luego de que Capriles hiciera en periscope un balance –https://twitter.com/hcapriles– de la recogida de firmas para activar el referéndum revocatorio hace unos días. Al final, el gobernador de Miranda, luego de  advertir que le mandará a Maduro unas cajas de crema 0 a Nicolás Maduro y a Jorge Rodríguez (la verdadera autoridad electoral en Venezuela durante el pranato chavista), saluda al mismo Maduro con esa frase que alude a unos de los errores más idiotas de un político frente a las cámaras.

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Imagen: panalesentucasa.com.co/

Como se sabe, la crema 0 es un tratamiento contra la pañalitis, contra las nalgas irritadas. No sabía que eso era lo que se había hecho entre miércoles y viernes: darle por el culo al chavismo hasta que se le irritaran las nalgas. Creí que se intentó usar a la Constitución chavista –esa mamarrachada mal escrita que nunca fue un pacto político sino una patente de corso– para tratar de parar una intervención militar, un último intento, desesperado, aunque no lo hayamos advertido así, de evitar una tragedia.

Pero no: teníamos sexo anal. Lo que me preocupa es que si por recoger dos millones y medio de firmas les dejamos las nalgas rojas al chavismo, ¿cómo tenemos el culo los opositores luego de todos y cada uno de los fraudes electorales que atornillaron a esta autocracia?

 

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[1] No es una referencia frecuente hoy, pero ante los destrozos de las lluvias en diciembre de 2010, la respuesta chavista, que dio origen a esa estafa llamada ‘Gran Misión Vivienda Venezuela’, fue una reacción a la gestión de Capriles sobretodo en Barlovento: oportuna, cercana a los afectados, metido en el barro; que se comparó con la de Chávez llegando en helicóptero con la botas relucientes de su disfraz de militar, repitiendo pendejadas a los damnificados luego de más de una década en el poder.

Becerro huérfano

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Imagen: @elestimulo

‘Como holocausto de olor agradable (…), ofrecerán un becerro, (…)’

Nm 29, 8-9

 

¿Cuántos Jefes de Estado declararían en radio y televisión que son unos becerros? ¿Dilma ante la venidera votación en el Senado que decidirá su impeachment dirá algo así como ‘Mientras más votan en mi contra más becerra me pongo’? ¿O Evo: ‘Mientras más hijos me descubran por ahí, más becerro me pongo’? No, solo Maduro, quien ladraba ayer en cadena de radio y televisión –esa omnipresente forma de corrupción que convierte a  todos los medios desde hace 17 años en voceros del chavismo quiéranlo o no–: “Mientras más me chantajeen, más me pongo becerro”.

Ya es común que Maduro exprese sus profundas deficiencias por medio del lenguaje. Las palabras no son sus amigas, desde esos inexplicables gazapos con la geografía nacional hasta aquello de leer ‘Maduro chúpatelo’, el idioma se le ha revelado como un enemigo más.

En un país inculto como el nuestro, a veces las palabras son como ese objeto brillante que encuentra un chimpancé. Chávez proveía a la horda de objetos para distraerse. Su lenguaje soez era parte del circo: escuálido, majunche, frijolito y demás zarandajas. Tal vez Maduro, en su vano intento de ser un sosías de Chávez –a su vez un sosías de Castro–, procura que la galería emule sus palabras. Pero, ¿quién quiere hablar como Maduro? ¿Quién quiere parecérsele?

En Venezuela ‘becerro’ es un insulto de pobres. Nada retrata más la marginalidad de alguien que oírle decir ‘Eres sendo becerro’. No entiendo del todo la ofensa que contiene, tal vez alude a la estupidez de los bovinos, a su mansedumbre que los convierte en bistecs. Por eso es aun más incomprensible que Maduro lo usase –salvo porque sea válido lo que leí en twitter sobre que en realidad quería decir verraco, algo que terminaría de delatarlo como colombiano– justo cuando el país le pide que se vaya de la forma que sea con tal de que sea ya.

El insulto tiene una variante: ‘becerro huérfano’. Un pendejo abandonado, solo.

 

Spies like us: Martinis secos

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Imagen: @007

“Champagne, if you are seeking the truth, is better than a lie detector.”

Graham Greene

Me tomó tiempo encontrar mi forma de beber: lento y a solas. Tal vez eso me describa como un alcohólico. Tal vez solo soy socialmente inepto. La verdad es que no me siento a gusto con más de dos personas al mismo tiempo –mucho menos si el alcohol las ha desinhibido–, cuando eso pasa hay algo de pánico en mi expresión, que el común suele confundir con hosquedad. Además me gusta acercarme lentamente al sopor etílico para decidir con tiempo si lo convierto en una borrachera o no.

No creo que beber a solas tenga que ver con miedo a que el alcohol me haga develar mi verdadera personalidad: soy un tipo aburrido que arrastra su grisura sobrio o borracho. Pero supongo que para un espía sí debe ser un problema profesional eso de cambiar luego de unos tragos o peor, empezar a soltar la lengua.

En esta serie de entradas en las que comparo a los espías de John Le Carré con el de Ian Fleming no había repasado la relación de los personajes con el alcohol. Para James Bond es central; pero ahora mismo solo recuerdo a Alec Leamas entre los personajes de Le Carré, quien finge ser alcohólico para que los del otro bando lo fichen como desertor.

Para Bond el alcohol es un fetiche, en su trago favorito está una mujer que amó. En la interpretación de Daniel Craig, a veces parece como si se estuviese bebiendo a Eva Green mientras sorbe una de esas elegantes copas de cocktail: no bebe para olvidar, lo hace para recordar. Leamas en realidad es un proto alcohólico, por eso casi no finge su deterioro.

Bond bebe desde sofisticados cócteles hasta cerveza boliviana si nos atenemos a las películas, mientras que el personaje de Le Carré echa mano de la ginebra. De nuevo Bond gana.

Aunque siento algo de admiración por la disciplina puritana –si es que tal cosa aún existe–, pienso que una de las formas de ejercer la libertad es sucumbir a los vicios, al menos a aquellos que no te convierten en un adicto. Por eso la noticia de que Polar cierra sus plantas de cerveza hace a Venezuela –al menos para mí– aun menos libre.

Casualmente pocos días antes leía una reseña biográfica del maestro cervecero Gerhard Wittl, quien junto al también maestro Carlos Roubicek dieron forma a la  cerveza Pilsen de Polar y a la harina PAN. Estos hombres definieron el paladar del venezolano: deberían aparecer en los billetes por lo menos.

Podría recurrir al lugar común y escribir sobre el emprendimiento, el valor del trabajo duro o sobre la modernidad comprimida en un empaque amarillo con la marca PAN en azul, pero no, mi lugar común es la arrechera de no poder tomar la cerveza que me gusta. Ya antes la economía chavista me había impedido beber vino –nunca fui aficionado al whiskey–, dejándome solo el ron y la cerveza, amén de esos aguardientes baratos que te hacen jurar a la mañana siguiente que no beberás nunca más.

Al principio escribía sobre cómo el alcohol puede hacer que te delates, algo fatal si eres un espía. Lo de la Polar delata al chavismo como una banda de rateros ineptos. Ojalá también les resultase fatal.

 

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La del estribo. He aquí la receta del trajinado Vesper Martini puesta a tono para Casino Royale en 2006 según la revista Esquire: http://www.esquire.com/food-drink/bars/a204/esq1106drinks-84/

 

Valiente soldado

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Imagen: panorama.com.ve

       A soldier who committed an act of theft (furtum) against civilians by contrast had his right hand cut off.

Wikipedia

 

Lo primero que leo hoy en lo que queda de prensa libre es que a los militares en Venezuela (putas bien pagadas) se les ocurrió un plan de adoctrinamiento de niños en escuelas y liceos. Uno muy cursi por cierto, porque hasta contempla un concurso de poesía. También hay uno de ensayos; buen chiste ese de que una cofradía de analfabetos proponga escribir ensayos y poemas.

La nota de prensa que puede ser leída en este enlace: http://www.el-nacional.com/politica/Min-Defensa-adoctrinar-escuelas-publicas_0_831516928.html#.VxULsuVnees, habla de exaltar la figura del así llamado ‘Valiente Soldado Bolivariano’, no otra cosa que un pretoriano chavista o un asesino de uniforme verde como sabemos bien desde 2014.

Me detengo en esa grotesca burla y me vienen varias imágenes a la cabeza: Chávez entregándose a sus socios militares como un cobarde en abril de 2002, disfrazado con un uniforme que era delito que usase, el rostro desfigurado de Geraldine Moreno, gorilas con la cara pintarrajeada marchando mientras gritan en Los Próceres, los soldaditos que cuidan y drenan las colas por comida, etc., etc. Pero no hay una sola referencia de bravura o valor con la que pueda vincular a los militares venezolanos.

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Imagen: panorama.com.ve

En Venezuela, los militares nunca han estado para defendernos –tal vez, salvo por un breve período durante la Independencia y en la derrota de la guerrilla–, sino para oprimirnos. La misma nota que denuncia el adoctrinamiento explica cómo el país ha perdido 1.321.950 kilómetros cuadrados sin que los militares hayan disparado un solo tiro. Sin ellos el chavismo se hubiese derrumbado hace rato. Chávez y Maduro amoldaron con evidente gusto sus culos al filo de las bayonetas.

Pero en esto de humillar y someter no hay absolutos. Estos valientes soldados en Venezuela, se hincan en Cuba. Falta un concurso sobre cómo arrodillarse, si de verdad se quiere honrar a los valientes militares chavistas.

Dilma, Jesús and the Demise of the Pink Tide — Caracas Chronicles

As I reflected on Dilma’s impeachment in Brazil yesterday, the image I kept going back to is this one: It was taken in 1992 in Yare Prison, shortly after Chávez’s failed coup attempt. In between a, to our eyes, stunningly young Chávez and Francisco Arias Cárdenas, we see a figure I bet most of our…

a través de Dilma, Jesús and the Demise of the Pink Tide — Caracas Chronicles

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Escritora - Blog Personal

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