Pinturas en la Oficina Oval: Cobb’s Barns, South Truro y Burly Cobb’s House, South Truro de Edward Hopper

Imagen:  @WhiteHouse

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Everything we see hides another thing, we always want to see what is hidden by what we see (…)

René Magritte

Estos cuadros son escogencias de Obama, no forman parte de la colección de la Casa Blanca. Los pidió en préstamo a principios de año al Whitney Museum. En buena medida son entonces un indicador de su gusto artístico.

Edward Hopper, salvo por algunos pocos cuadros producto de su estadía en Europa, se dedicó a pintar motivos urbanos y rurales que se encuentran a lo largo de la costa este de Estados Unidos. Tenía junto a su mujer Jo un estudio en Nueva York y otro en South Truro en Cape Cod, al este de Massachusetts. Los cuadros escogidos por Obama son producto de su estancia en esta última locación. Fueron pintados por Hopper entre 1930 y 1933.

La primera pintura, Cobb’s Barns, South Truro, es un oleo sobre lienzo de 87.2 × 127.2 cm. La segunda, Burly Cobb’s House, South Truro, también es un óleo sobre lienzo y mide 64.1 × 92.1 cm.

En ambos destaca la ausencia de figuras humanas. Solo graneros y casas cerrados en la mitad del campo. Vacío, silencio. En el primer cuadro algunos han querido ver una alegoría de los efectos de la Gran Depresión en el campo. En ambos, tal vez, hay una alusión a la modernidad y la forma en la que lo urbano va desfigurando el entorno rural estadounidense.

Algunos críticos catalogan a Hopper como hiperrealista (creo que la etiqueta exacta es nuevo realista o realista americano). A veces la exageración de algunos de los rasgos realistas de sus cuadros lo acercan al surrealismo. Esas clasificaciones escapan a lo que conozco.

Cobb’s Barns, South Truro. Óleo sobre lienzo. 87.2 × 127.2 cm. Imagen: http://whitney.org/

Cobb’s Barns, South Truro. Óleo sobre lienzo. 87.2 × 127.2 cm. Imagen: http://whitney.org/

Me gusta la pintura de Hopper no porque la entienda, sino por lo que siento al mirarlas: soledad, alienación (hay una lectura interesante en este enlace: http://www.letraslibres.com/revista/columnas/el-pintor-de-la-soledad). Supongo que hablo como un emo algo viejo para la gracia, pero me atrae –esta es una interpretación totalmente silvestre– cómo esconde esa alienación en sus coloridos cuadros llenos de gente que no se mira entre sí o de casas vacías.

De vez en cuando sucumbo a manías con temas o autores. Con Hopper fue la última vez que pude satisfacerlas sin tener que recurrir a amazon y a las sevicias de los courriers. Hace poco más de un año pude comprar en una librería real todo lo que Taschen ha editado sobre Hopper, además de una pequeña joya de Lumen: Hopper de Mark Strand. Durante la convalecencia de una enfermedad irreal, las pinturas de Hopper fueron una buena medicina. Una desolación que cura.

No sé porqué Obama escogió a Hopper o más específicamente estos dos cuadros suyos. Sin embargo hay consideraciones de una curadora del museo sobre iluminación, tamaño y disponibilidad que se explican en este enlace: http://whitney.org/WhitneyStories/HopperPaintingsInTheOvalOffice.

Burly Cobb’s House, South Truro. Óleo sobre lienzo. 64.1 × 92.1 cm. Imagen: http://whitney.org/

Burly Cobb’s House, South Truro. Óleo sobre lienzo. 64.1 × 92.1 cm. Imagen: http://whitney.org/

Tampoco podría elucubrar qué le transmiten esas imágenes. Dado que de la lista de siete pinturas en la Oficina Oval, solo escogió las dos de Hopper, es probable que estas sean las que más le gusten.

Le quedan un par de años para mirarlos junto a los otros que he mencionado en esta serie de entradas. Se me ocurre que de ser venezolano, al dejar de ser presidente –sí; ya sé: en Venezuela no se deja de ser presidente salvo que el cáncer se trate en la Habana–, Obama tan solo descolgaría los cuadros y se los llevaría a su casa como parte de un botín.

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Edificios firmados

Architecture is the art of how to waste space.

Philip Johnson

 

Es un tópico que el Guggenheim Bilbao firmado por Gehry revitalizó esa ciudad. La sacó de su languidez post-industrial[1].

Sin embargo es discutible el valor arquitectónico de ese edificio. De hecho es otro lugar común que el Guggenheim Bilbao se asemeja –no hay otra forma de decirlo– a la cagada de un robot gigante: una masa de metal informe –deconstructivista dicen los críticos– que jamás será una ruina. Es un edificio ahistórico como ni siquiera el más desaforado estilo internacional soñó.

En la era de la arquitectura postmoderna los arquitectos estrella van dejando su firma –o su cagada– en las ciudades: el Gherkin en Londres, el Palacio de las Artes en Valencia, España y así. Aún más: franquician su firma, por lo que cualquier país nuevo rico puede tener también su propio mojón firmado por una vedette de la arquitectura.

Pese a que Venezuela hace mucho dejó de ser un país nuevo rico, aquí también tenemos edificios firmados, aunque no por un arquitecto.

Con los damnificados que dejaron las lluvias en 2010, luego de 11 largos años de régimen chavista, se descubrió que existía en el país un grave déficit de casas.

La solución obvia fue una estafa, vale decir, una “misión”, una de esas corruptas maneras de crear –como todas– una clientela que mantuviese al chavismo en el poder sin usar mucho la fuerza.

Pero como la marca ya estaba agotada hacía varios años –sirvió para ganar fraudulentamente el referéndum de 2004 y nada más–, la propaganda roja se fusiló a sí misma y pergeñó aquello de “[Gran] Misión Vivienda Venezuela”.

Antes o después –si no se les derrota– tendremos la “Mega Gran Misión” o la “Súper Mega Gran Misión”. El fracasó colosal descrito en el nombre de cada ‘misión’.

Gaudí usaba trencadís y Mies van der Rohe solo acero y vidrio para cubrir sus edificios respectivamente. El chavismo –no se le podía pedir más– hace lo propio con pintura roja y negra con la cual dibujan los ojos –a veces les salen bizcos– y la firma de Chávez en las paredes de esos edificios de viviendas sociales que construyen a un ritmo que jamás alcanzará la demanda.

Estos edificios están llenos de fallas porque fueron mal concebidos –¿qué país llena la principal avenida de su capital con edificios de viviendas sociales?–, y peor ejecutados, porque serían ocupados por pobres.

Más allá de deficiencias que algún trasnochado marxista podría considerar lujos burgueses, como por ejemplo el que no tengan estacionamientos –el chavista way of life condena a los pobres al transporte público o a motos chinas de baja cilindrada–, ni áreas verdes; hay fallas en la construcción de estos bloques que los convertirán en ruinas prematuras. Puede leerse al respecto en estos enlaces: http://www.el-nacional.com/caracas/Constataron-fallas-obras-Mision-Vivienda_0_62993817.html y http://www.eluniversal.com/caracas/140525/mision-vivienda-construye-en-zonas-de-riesgo-en-los-corales, respectivamente.

Al repetir la urbanización caótica y deficiente de los barrios marginales que las lluvias derrumban cada cierto tiempo, estos edificios sólo son una versión en propiedad horizontal de esos barrios, con la consecuente violencia criminal, como podemos leer en estos enlaces: http://www.el-nacional.com/sucesos/paz-habita-urbanismos-Mision-Vivienda_0_246575504.html y http://www.eluniversal.com/caracas/140504/delincuencia-gano-espacio-en-la-mision-vivienda, respectivamente.

Con estos edificios el chavismo no está urbanizando, no se incluye a los marginales (tal vez sobra la explicación de que estos son quienes están al margen de la ciudad, de sus servicios, de su comunidad política), sino que se marginaliza la ciudad toda. El siguiente artículo de @revistaclimax muestra una mejor perspectiva de lo que trato de decir: http://elestimulo.com/climax/gran-mision-viviendas-las-ciudades-del-gigante-muerto/.

Se está reproduciendo el gueto al considerarse que estos edificios fueron construidos por chavistas (una mentira corrupta) para uso exclusivo de otros chavistas –varios funcionan como centros de votación ad hoc donde adivinen quién siempre gana–, sin posibilidad de integración con el resto de la ciudad aun si fuesen mitigados los graves problemas de convivencia que generan como focos de violencia criminal.

Como se sabe una de las premisas del movimiento moderno en arquitectura es que la modificación del espacio debía tener como objetivo hacer mejor la vida de las personas. Sin embargo los edificios de viviendas de gran densidad probaron no ser la vía para esto. El régimen no tenía que buscar mucho para constatarlo: ahí está la urbanización 23 de Enero de Caracas como recordatorio.

Los bloques de viviendas de Le Corbusier fueron otra pesadilla soñada por la razón, no en balde a su Unité d’Habitation en Marsella se le apoda ‘La casa del loco’. Le Corbusier con este edificio es el precursor del estilo brutalista. Nosotros no podemos aspirar a tanto, lo más que podemos presumir es que nuestros arquitectos [rojos] son brutos.

Los arquitectos posmodernos suelen citar en sus edificios estilos anteriores, casi siempre como una burla, como un remedo. Los edificios chavistas ‘firmados’ también hacen una cita de períodos pasados: nos recuerdan con sus deficiencias y segregación a la mayoría de las urbanizaciones populares de la última etapa del período 1958-1998. Hacen la misma declaración explícita de las tardías políticas de vivienda adeco-copeyanas de que los pobres no merecen vivir en un lugar decente.

Es innegable que –y pese a ser una muestra más de corrupción[2]– el meta discurso en las firmas y ojos que cubren las paredes de esos edificios tiene sentido: ¿quién sino Chávez firmaría y supervisaría tales colmenas para seres humanos?

En Venezuela hay gente que tiene la firma de Chávez tatuada en la piel y vive en casas que tienen la misma firma en sus paredes. La satrapía usa el kitsch –que todos pagamos– para emular la distopía de Orwell.

Al inicio aludía al Guggenheim Bilbao como la cagada de un robot gigante. Bien, los edificios ‘firmados’ por Chávez tienen en común con ese museo que también son la cagada puesta por un gigante.

 

[1] Se suele obviar el peso que tuvo el metro en esa revitalización de la ciudad.

[2] El siguiente enlace contiene información relevante sobre la corrupción vinculada a estas obras públicas: http://www.derechos.org.ve/pw/wp-content/uploads/2do-GMVV.pdf

No plazas

Plaza Independencia de Kiev el 18 de Febrero de 2014.

Plaza Independencia de Kiev el 18 de Febrero de 2014.

Marc Augé acuñó el concepto ‘no-lugar’ para referirse a los lugares de transitoriedad que no tienen suficiente importancia para ser considerados como ‘lugares’.”

Wikipedia

Si se generaliza miopemente podríamos decir que Venezuela vive por estos días su versión de la primavera, su propia revolución de color (aún por definir el tono) o que se incorpora tardíamente a las revueltas indignadas.

Podría ser todo lo anterior o incluso algo mejor: una revolución. Una en el sentido que he repetido insistentemente –siguiendo a Hannah Arendt– que deja como saldo la construcción de un espacio de libertad política.

En un caso u otro la experiencia que vivimos se diferencia de sus similares que menciono, en que el escenario de la protesta no ha sido exactamente la plaza pública, el ágora citadina real.

Innegablemente y ante la censura de prensa en el país, el ágora virtual –especialmente twitter– ha servido para motorizar la protesta y al mismo tiempo para narrarla. En esto coincidimos con el resto de las convulsiones políticas recientes en el mundo. Pero la plaza como lugar de la ciudad pensado para la política ha estado ausente en buena medida.

Desde el inicio de las protestas, los escenarios si bien han sido lugares emblemáticos de las ciudades, no son plazas, no lo son en esencia. Veamos.

La Plaza Venezuela, el epicentro de la convocatoria que descolocó al régimen el 12 de febrero, es más una redoma, que una plaza. Ese obelisco que observamos abarrotado de gente en las imágenes de ese día es casi una isla en medio de un distribuidor de tránsito caótico por lo que es difícil alcanzarlo a pie, la razón de ser de toda plaza.

La Plaza Brión de Chacaito donde Leopoldo López se entregó iniciando quizá un camino que lo siente en Miraflores, es en realidad el tramo más ancho y mejor conectado del boulevard de Sabana Grande.

Indudablemente no entran en esta lista Plaza Altamira, Plaza Miranda en Los Dos Caminos, la Sadel o la Plaza Las Tres Gracias en Los Chaguaramos que también han sido lugares de protestas en Caracas, sobre todo la primera. Pero sitios como el boulevard del Cafetal, Parque Cristal, Parque del Este, las inmediaciones del metro en Caricuao o las avenidas Francisco Fajardo y Francisco de Miranda, obviamente no son plazas en ningún sentido.

Plaza de la República, Maracaibo.

Plaza de la República, Maracaibo.

En el resto del país –salvo excepciones– sucede otro tanto. En Valencia por ejemplo se protesta mayoritariamente en la Redoma de Guaparo (de nuevo una rotonda para distribuir tráfico) obviándose la cercana Plaza Montes de Oca, o en frente del Shopping Center, sin considerar la Plaza Fabián de Jesús Díaz (creo que solo yo –extranjero al fin– llamo así a la plaza de Prebo) a pocos metros. También son ignoradas las Plazas Bolívar, Candelaria o Sucre como lugares de protesta que sobre todo en el caso de esta última tendrían una carga política y cívica mucho mayor que la de protestar en las inmediaciones del ‘Shopping’.

En Maracay sucede otro tanto, se protesta mayoritariamente el final de la avenida Las Delicias en una intersección de tráfico, pero no en la cercana Plaza Cristóbal Mendoza (de nuevo yo extranjero llamo así a lo que todo el mundo conoce como la ‘placita’ de La Soledad) o en frente del Hyper Jumbo Mall al final de la avenida Fuerza Aérea.

En el caso de esta ciudad su plaza emblemática, la Bolívar está desde hace unos meses en manos de contratistas (esos que tan buenos negocios hacen con la administración roja local y regional), aunque igual cuando estaba despejada no era el ágora de la polis.

El Obelisco de los Italianos en San Cristóbal, la redoma de Los Pájaros en Barcelona o la de Guanta,  o la Redoma de Banco Obrero en Punto Fijo tampoco son plazas aunque congreguen a los manifestantes.

Se me objetarán razones de tamaño, de visibilidad, o de seguridad. Con respecto al tamaño, varias pueden albergar multitudes tan bien como lo hace un distribuidor de tráfico y en cuanto a las más pequeñas, en varios momentos del día las manifestaciones son exiguas por lo que las plazas cumplirían su cometido, cuando la masa de gente aumentase no habría problemas con que el núcleo desbordase la plaza hacía las calles adyacentes. La visibilidad no es problema en una era en la que todos reporteamos y en cuanto a la seguridad, las manifestaciones en calles y avenidas son barridas igual por la represión como lo son las que han tomado plazas como bastión.

Hay excepciones a la falta de protagonismo que menciono. Están entre otras la Plaza Juan Maldonado en san Cristobal, la Plaza Monumento CVG en Ciudad Guayana, la Plaza Milla en Mérida o las Plazas de la República y Yepez (Plaza José Ramón Yepez) en Maracaibo. Qué mejor símbolo para protestar podría tener Maracaibo luego del asalto militar y policial de la Plaza de la República de ayer.

Las plazas son símbolos de la protesta a lo largo del mundo y de la historia desde Trafalgar Square hasta Tahrir. Poderosos símbolos, no en vano algunas son demolidas hasta los cimientos por haber acogido protestas. Por eso sus nombres son Libertad, Independencia o República. Esos símbolos además –sobra decirlo– aglutinan a las sociedades, hacen a los manifestantes más poderosos.

Plaza Altamira en Venezuela cumple mal esa función porque la oposición no pudo combatir con éxito la propaganda chavista luego de 2002, pero eso no obsta para que la protesta aquí tenga su propia Maidan Nezalezhnosti.

Plaza Sucre, Valencia.

Plaza Sucre, Valencia.

Tal vez me confunde el espejismo luego de años de enseñar la importancia de la política ejercida en el ágora ateniense donde el ciudadano trataba de convencer  –no siempre–  a su igual con su lógica y su oratoria.

 

Imágenes: http://www.theatlantic.com/infocus/2014/02/bloody-battles-in-kiev/100684/, @Intuitweetvo y http://www.skyscraperlife.com/city-versus-city/49508-valencia-vs-valparaiso-55.html  respectivamente.

Πάνθεον

Pantheon_gallery_01“Me obsesionaba la idea de construir un templo a todos los dioses, un Panteón. Había elegido el emplazamiento sobre los restos de antiguos baños públicos ofrecidos al pueblo romano por Agripa, el yerno de Augusto. Del viejo edificio no quedaba más que un pórtico y la placa de mármol conteniendo una dedicatoria al pueblo de Roma: esta última fue cuidadosamente reinstalada en el frontón del nuevo templo. Poco me importaba que mi nombre no figurara en esa obra, que era mi pensamiento. En cambio me agradaba que una inscripción, de más de un siglo de antigüedad, la asociara con los comienzos del imperio, con el pacífico reinado de Augusto.”

Marguerite Yourcenar. Memorias de Adriano

 

 

Imagen: http://clyoparecchini.blogspot.com/2012/11/pantheon.html.

 

Meydan

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“Estos acontecimientos, (…), causaron desplazamientos y movimientos de enormes masas de población, (…)”

Vasili Grossman

 

De nuevo escribo sobre plazas y manifestaciones en el tiempo de las redes sociales. Las protestas en Ucrania y Tailandia de los últimos días merecen un breve comentario.

La UE presenta un dilema irónico: algunos de sus miembros son anti europeos, sobre todo mientras más al oeste se ubiquen, mientras que varios países de su periferia –siempre el este– quieren entrar al club. No importa lo tambaleante de la zona euro: algunos países quieren estar en Occidente, lo perciben rico, moderno.

Por estos días vemos un nuevo intento de Ucrania. Como se sabe la asfixiante influencia rusa empuja a este país hacia el oeste, de hecho una de las primeras de las así denominadas revoluciones de colores[1] tuvo lugar aquí en 2004 (justo antes de la era de las redes sociales) precisamente contra esa influencia que no cambió un ápice luego del fin de la guerra fría.

De pantano a símbolo soviético a hito de la independencia del país, la Plaza de la Independencia de Kiev fue escenario entonces y ahora. Los ucranianos (en algún lugar leí ucranios) pro europeos han manifestado durante la última semana luego del rechazo de su presidente Victor Yanukóvich a la firma de un Acuerdo de Asociación con la Unión Europea en la reunión de Vilna[2][3].

En Venezuela las fotos de esas manifestaciones se han esparcido por twitter en un llamado a los opositores a derrocar al gobierno chavista –tal vez ignorando las elecciones del domingo 8 de diciembre–, con la inexacta explicación (justificada en parte por nuestro contexto) de que allá rechazan en las calles una vuelta al comunismo.

No se considera que si bien la consecuencia de la Revolución Naranja de 2004 fue la repetición de las elecciones fraudulentas, la implosión del tándem Yushchenko-Tymoshenko tomó menos de un año y el denostado Yanukóvich volvió al poder desde entonces. La calle llena de gente no es el inicio de una democracia, muchas veces es su fin.

 

Protesters_at_Democracy_Monument,_November_2013   En Tailandia la ley de amnistía decretada por el parlamento (dominado por su partido) para favorecer al ex primer ministro Thaksin Shinawatra (un empresario depuesto por los militares en 2006 y cuyo hermano es el primer ministro actual) ha generado de nuevo protestas en ese país. Uno de los centros de las manifestaciones no es exactamente una plaza sino una redoma, la que alberga al Monumento de la Democracia en el centro de Bangkok. Este monumento conmemora un golpe de estado y fue visto por el dictador militar de turno como un símbolo de una ciudad occidentalizada.

Lo que llama mi atención de estas protestas es que los manifestantes cortan la electricidad y el agua de los edificios gubernamentales y los ocupan. Manifestantes civiles, armados precariamente asaltan las oficinas del gobierno cual asedio medieval.

Es marcado el contraste de esta forma de manifestar con por ejemplo la Ley Fernández[4] que se discute en España y que criminaliza la protesta callejera en el país de origen de los indignados o con los decretos de zonas de seguridad que convirtieron en Venezuela a todas las oficinas públicas (especialmente las militares) en zonas de exclusión ciudadana. Tal vez los tailandeses tomaron nota de esos airados manifestantes que en abril de 2002 cortaron la electricidad de la embajada cubana en Caracas. El video debe estar en YouTube.

 

Imágenes: http://internacional.elpais.com/internacional/2013/11/25/actualidad/1385372283_922984.html y http://en.wikipedia.org/wiki/File:Protesters_at_Democracy_Monument,_November_2013.jpg respectivamente.

Mira: Caracas sale en Homeland

Torre de David, Caracas.

Torre de David, Caracas.

Where the hell am I?”

Nicholas Brody

Venezuela está ubicada hoy más que nunca en la periferia del mundo. Incluso cuando aparece en la primera página de los medios internacionales subraya su condición subordinada. Caracas es el súmmum de tal estado.

Uno de esos momentos estelares en los medios (no relacionado con las graves dificultades de Maduro con el español) es reciente. En el segundo, tercer y cuarto capítulos de la tercera temporada de la serie Homeland (emitidos desde el 14 de octubre de este año) aparece una versión de Venezuela y de Caracas[1].

Por motivos de seguridad[2], de presupuesto o de otra índole quizá, los protagonistas no vinieron al país –hubiese hecho cola en el aeropuerto para ver a Claire Danes en vivo–y en realidad la ciudad fue recreada en Puerto Rico.

En la ficción el personaje de Damian Lewis[3], el sargento de los marines converso al islam y terrorista más buscado Nicholas Brody llega a Venezuela, entra al país por La Guaira –ya sabemos lo corruptos que pueden ser el puerto y el aeropuerto ahí– y luego es secuestrado por la banda que controla la Torre de David en ese edificio al final de San Bernardino en Caracas, al recuperarse de sus heridas intenta escapar a la mezquita de la ciudad en Quebrada Honda pero sus captores lo atrapan de nuevo.

Es un lugar común pero la mirada del otro nos define y sobre todo en este ya largo momento de provincianismo, de chauvinismo, es útil saber cómo se nos ve en el extranjero. Este retrato nuestro que hace Homeland tiene sus aciertos y errores. Los productores  –sin querer tal vez– aciertan en que los venezolanos sean representados por actores con acento antillano (el actor dominicano Manny Pérez sin cepillar su acento natal –esa ignorancia de los americanos puesta de manifiesto al considerar a todos los latinos iguales– interpreta al jefe de los delincuentes que se hacen cargo de Brody[4]), aunque les faltó poner en la muñeca de algunos de sus venezolanos de ficción una idefá: esa pulsera de cuentas verdes y amarillas símbolo de la santería que luego de la invasión cubana reciente se ha multiplicado en el país.

El acierto innegable, el que nos devuelve una mirada no distorsionada del país (aparte de lo de ocultar a un terrorista en Caracas y la peligrosa conexión iraní), es la ambientación como ya indiqué en la llamada Torre de David: el Centro Financiero Confinanzas que nunca fue terminado porque la debacle financiera de 1994 lo impidió y que fue invadido en diferentes oleadas desde 2001, para replicar en lo que debió ser un rascacielos corporativo, uno de los barrios marginales de Caracas[5].

También hay un acierto –mi palabra de felicitación a los guionistas– en esa escena en la que dos miembros de la policía política[6]  (aunque les faltó el folclórico bigote largo sobre el labio o el finito a lo Pedro Infante que caracterizan al policía venezolano) golpean a Brody (luego de la traición del imán) mientras lo detienen: ¡Sentí el gentilicio tan bien logrado! Siendo honestos un: “¡Te vamos a sacar la  mierda gran coño!” ladrado mientras lo torturaban hubiese sido de Emmy.

Sin embargo hay partes de la imagen nacional que no salieron tan bien en la serie. ¿Cómo mostrar una ciudad en un show de televisión?, ¿cuánto cabe en la pantalla? Veamos.

Minarete de la mezquita de Caracas, a la derecha iglesia maronita de San Charbel.

Minarete de la mezquita de Caracas, a la derecha iglesia maronita de San Charbel.

En algún momento el personaje Brody junto al de Esme huyen de la Torre de David a la Mezquita Ibrahim Ibin Abdul Aziz Al-Ibrahim en Quebrada Honda. En el trayecto lo que más les preocupa es ser recapturados o reconocidos. En la Caracas de verdad lo más preocupante de ese recorrido de pocas cuadras es la posibilidad de ser atracado y/o asesinado. El boulevard Amador Bendayán[7] (antes Santa Rosa) en uno de cuyos extremos está la mezquita real es peligroso, así como lo son todas las vías de acceso al lugar (en particular la avenida Libertador), incluso en la estación del metro cercana ha habido asesinatos recientemente.

Pero la gran falta, esa que nos recuerda que es televisión y no el mundo real, es que  con la fallida captura de Brody por ese par de Disip –se me reprochará mi lenguaje anacrónico, pero no me gusta la neolengua chavista, prefiero los acrónimos de siempre– frustrada por los malandros a punta de AK-47 (buen detalle) se sugiere que los delincuentes de la Torre de David actúan al margen del gobierno y que Brody podría ser detenido por alguna autoridad oficial. Nada más inexacto.

Antes escribía que la Torre de David replica un barrio caraqueño en las ruinas de un rascacielos, debo agregar que estos barrios son además una versión de las cárceles nacionales con sus habitantes siendo rehenes de los delincuentes. En la Torre de David – en la real y en la de ficción–  lo que hay es la estructura jerárquica y despiadada de un cartel. Desde ese edificio se planean y ejecutan secuestros[8], asesinatos (con el perdón de los señores Alex Gansa y Howard Gordon, debo señalar aquí otra inexactitud: en la serie la cúpula de la banda de malandros arroja al vacío a un ladrón que robó al personaje Brody para luego olvidarse piadosamente del cadáver; bien, en la torre de verdad –así como en otros edificios invadidos de Caracas– los cadáveres producto de los ajustes de cuentas son desmembrados y arrojados en la basura hasta que un vecino los encuentra), se esconde droga, bienes robados, rehenes y armas, se extorsiona a sus habitantes.

Los pingües beneficios que todo esto genera van a las manos de los cabecillas de las bandas que a su vez deben pagar a funcionarios municipales y nacionales, porque es imposible que exista la Torre de David sin el concurso de la Policía de Caracas, la Policía Nacional, la policía judicial, la policía política, la Guardia Nacional, la alcaldía del municipio Libertador (Caracas) y la “Jefatura” del Gobierno del Distrito Capital. Los delincuentes al mando de la Torre de David solo son una franquicia de la delincuencia organizada representada hoy por el gobierno nacional. Por eso en el mundo real si Brody  –o cualquiera–  estuviese en poder de los malandros de la Torre, en realidad sería huésped del gobierno chavista.

Un gobierno –es una exageración llamarlo así– que en su idiotez, no vacilaría en acoger al supuesto responsable de destruir la sede de la CIA (recuérdese la ficción) como un héroe al que se le regalaría una réplica de la espada del Libertador y probablemente le pondría su nombre a alguna calle –que ningún caraqueño llamaría así nunca: ahí está la avenida Teherán de El Paraíso– o le erigiría una estatua de mala calidad en algún “territorio liberado” de la ciudad.

Abundan los ejemplos de lo buen anfitrión que es el chavismo con cualquier criminal (mientras más antiamericano mejor) foráneo. Desde finales de 2000, con el chavismo recién llegado, la siniestra eminencia gris detrás de Fujimori, Vladimiro Montesinos se escondió en Venezuela con la colaboración del gobierno. Cuando a mediados de 2001 la situación se hizo insostenible, el chavismo lo traicionó y en una opereta lo entregó a Lima.

También destacan los etarras funcionarios del gobierno chavista como Arturo Cubillas Fontán que hacen horas extras entrenando a terroristas de las Farc, inmunes aquí a cualquier requisitoria del gobierno español. El país fue santuario (y aún lo es de otros gerifaltes faracos y elenos) del así denominado canciller de esta narco guerrilla, alias Rodrigo Granda (Ricardo González) quien fue capturado en diciembre de 2004 –cerca de la mezquita donde Brody trata de esconderse–  por guardias nacionales honestos, luego destituidos y presos.

La más reciente muestra[9] de la bienvenida que el chavismo dispensa a toda clase de enemigos reales o imaginarios de los Estados Unidos es la histeria con la que Maduro hundido en la ilegitimidad del fraude del 14 de abril y del fracaso económico intentó cazar una distractora pelea de grandes ligas ofreciendo asilo a Snowden (quien por cierto lo único que de verdad reveló fue que los espías se parecen más aun nerd ochentoso que a Daniel Craig).

Plano de google earth con la ubicación de la mezquita de Caracas (al este), la Torre de David (arriba a la izquierda) y el antiguo Hilton (abajo a la izquierda).

Plano de google earth con la ubicación de la mezquita de Caracas (al este), la Torre de David (arriba a la izquierda) y el antiguo Hilton (abajo a la izquierda).

Por lo que queda claro que si Brody hubiese tenido la escasa puntería de esconderse en Caracas en su huida del tío Sam (no hay papel de baño en la ciudad), no tendría que refugiarse en un barrio vertical: dormiría en ese otro rancho de muchos pisos que es hoy el antiguo Hilton, irónicamente muy cerca de la Torre de David y de la mezquita de Quebrada Honda –cuyo imán real no se atrevería a traicionarlo: no tendría con quien–, a la que bien podría ir a pie a su oración de los viernes cuidado por cubanos solícitos con el gringo terrorista.

Imágenes: http://www.plataformaurbana.cl/archive/2012/09/18/el-polemico-leon-de-oro-para-la-torre-de-david/ y http://static.panoramio.com/photos/large/3489376.jpg respectivamente.


[2] Cuando el Furtwängler criollo; Gustavo Dudamel viene al país es acompañado permanentemente por guardaespaldas. Sería todo un titular de prensa que al director de la Filarmónica de Los Ángeles lo secuestrase una banda de Petare que lo mantuviese en un escondite bajo tierra a la espera del pago.

[3] Las otras tramas desarrolladas supuestamente en Caracas son la del personaje del operativo de la CIA Peter Quinn (interpretado por el también inglés Rupert Friend), que intenta liquidar a un financista del terrorismo, y la de un miembro de la guardia revolucionaria iraní que usa a su equipo de fútbol local: Fútbol Club Paraíso, para lavar dólares (y robar una buena tajada) aprovechando la baja asistencia de aficionados. Como se sabe los equipos de fútbol profesional de Caracas suelen jugar en el estadio Brígido Iriarte de la urbanización El Paraíso, el club más rico de la ciudad es propiedad de una familia de origen extranjero –los suizos Valentiner–, y sí; casi nadie ve fútbol.

[4] La actriz colombiana Martina García interpreta a Esme, su enfermera, carcelera y cómplice, y el actor estadounidense Erik Dellums al  Doctor, aficionado a recetarle heroína como analgésico.

[5] Aunque la idiotez posmoderna de la Bienal de Venecia el año pasado premió al edificio. Hay más información en este vínculo: http://www.plataformaurbana.cl/archive/2012/09/18/el-polemico-leon-de-oro-para-la-torre-de-david/.

[6] En la serie el uniforme de los policías es negro –siempre he considerado una burla de algún dios guasón el que estos esbirros sean torturados a diario teniendo que usar un uniforme negro en este clima–, lo que indica que son de la Disip (hoy Sebin).

[7] El lugar es paradójicamente pese a la inseguridad de la zona (aunque tiene un módulo de la policía municipal) un nodo cultural de Caracas. En sus inmediaciones queda la Casa del Artista con sus salas de teatro, el Centro de Acción Social por la Música que es la sede nacional del sistema de orquestas sinfónicas infantiles y juveniles con varias salas de conciertos y que posee una de las mejores programaciones de la ciudad. Frente a la mezquita –en perfecta paz, como si fuese el Toledo medieval– está la iglesia católica maronita de San Charbel, y un poco más allá la iglesia católica romana Santa Rosa de Lima. Junto a esta se desarrolla los domingos en la mañana el mercado peruano con el mejor ceviche de Caracas –que puede ser acompañado con la autentica aunque muy dulce inca-cola importada de Lima. En las cercanías se localiza también la sede del Colegio de Ingenieros de Venezuela, la estación del metro homónima y una entrada al Parque Los Caobos. Vaya lugar escoge el terrorista más buscado del planeta –en la pantalla– para intentar esconderse: con algo más de tiempo y mejores guías turísticos pudo haber disfrutado el paseo.

[8] Llamadas de celulares desde el edificio vinculadas con el secuestro el año pasado del agregado comercial de Costa Rica, Guillermo Cholele, llevaron a que la policía judicial –los agentes sudaban al subir los interminables pisos por la escaleras ya que no hay ascensores– realizara pesquisas en la torre. La policía negoció con los “jefes” del edificio su entrada, que se saldó sin detenciones.

[9] Omito los intentos de Caracas de facilitar a Irán burlar las sanciones internacionales por su programa nuclear con triangulación de gasolina y divisas, y los persistentes rumores de células de Hezbollah en la isla de Margarita, entre otros.

Un cerro moderno en Caracas.

Interior de la Villa Arreaza, Ponti, 1954 - 1958, Caracas.

Interior de la Villa Arreaza, Ponti, 1954 – 1958, Caracas.

“En cada edificio han de tenerse en cuenta, como nos enseña Vitrubio, tres cosas, sin las cuales ningún edificio merece alabanza. Estos tres puntos son: la funcionalidad o comodidad, la durabilidad y la belleza.”

Andrea Palladio, 1570

Caracas fue una ciudad moderna hace sesenta años. Varios edificios más o menos en ruinas hoy, lo atestiguan. Pero la historia no tiene ninguna lógica y luego de su modernidad la ciudad se derrumbó en la pre modernidad humillante de hoy. Pero aun sin lógica, la historia está llena de coincidencias.

Entre los lugares comunes de esa modernidad arquitectónica[1] suele citarse a la Ciudad Universitaria (Carlos Raúl Villanueva, 1940- 1960) y a las Torres de El Silencio (Cipriano Domínguez, 1948 – 1954). Pero quiero referirme a otro menos mencionado: Villa Planchart o El Cerrito, la casa que Gio Ponti (Milán, 1891 – 1979) diseñó para Alana y Armando Planchart entre 1954 y 1957[2] y que como excepción se mantiene en excelente estado de conservación[3].

Villa Planchart.

Villa Planchart.

Esta casa farfalla está ubicada en una colina de San Román (de ahí su nombre original de El Cerrito[4]) al sureste de la ciudad y su fachada norte proporciona unas vistas del Ávila que incluso ignorando la arquitectura y el mobiliario de la casa (también diseñado por Ponti) hacía al matrimonio Planchart –y a los visitantes de hoy– privilegiados.

La arquitectura de Ponti[5] es moderna pero sin la asepsia ahistórica y sensorial del movimiento moderno, de ahí su ideal del “habitar feliz” desarrollado al límite en Villa Planchart: sus casas son para vivir sensualmente dentro de un contexto histórico y geográfico (para Villa Planchart consideró incluso la dirección del viento) que está impregnado sin embargo de su noción de mediterraneidad.

Entre sus otras pocas casa en el extranjero, Ponti llevó a cabo entre 1960 y 1965 la Villa Nemazee[6] en Teherán, en un país que es hoy también una teocracia. He ahí la coincidencia que la historia burlonamente señala en esta ocasión: modernidad devenida en pre modernidad justo aquí y allá.

En Irán el palo en la rueda fue el islam como reacción a la violenta modernización impulsada por el shah. En Venezuela no lo tengo claro. A veces pienso que fue la miseria inevitable que se crea en un país en el que el Estado vive de la renta petrolera y la nación vive del Estado. Esa pobreza fabrica por defecto hombres cerrilmente pre modernos. Otras veces creo que fue nuestra educación muy eficaz –una estafa en todo lo demás– en esparcir un par de ideas absurdas: el país tiene como genio tutelar a un hombre del siglo XIX y debe volver al tiempo en el que ese hombre vivió.

Imágenes: http://www.juanjosemora.com.ve/wiki/apifoto.php?id=1577962, http://www.nytimes.com/2011/06/20/arts/20iht-design20.html?_r=0 y http://www.taschen.com/pages/es/catalogue/architecture/all/00403/facts.ponti.htm, respectivamente.


[1] No ignoro que históricamente la modernidad política antecede por mucho a la modernidad arquitectónica (dentro de la cual el movimiento moderno es solo un estilo), sin embargo Le Corbusier –y en general los arquitectos del movimiento moderno– proponía que la arquitectura podía modificar al individuo: espacios amplios, iluminados, ventilados podían transformarlos en ciudadanos. El concreto armado y los bloques de apartamentos no eran la vía para lograrlo (la urbanización 23 de enero –Villanueva, 1955 -1957, originalmente llamada 2 de diciembre–, otro de los vestigios de la fallida modernidad arquitectónica caraqueña es un recordatorio), pero esa idea en Latinoamérica y otras partes de la periferia propone una modernidad política y cultural como consecuencia de la modernidad arquitectónica y urbanística, de la transformación racional del espacio.

[2] En Caracas se levantaron otras tres casas de Ponti: la Villa Arreaza (la Diamantina) entre 1954 y 1958 –hoy demolida–, la Quinta Los Capachos (1958), la renovación de la quinta La Barraca (1958) y el proyecto no ejecutado de la Villa González-Gorrondona (1956). Los siguientes vínculos remiten a información especializada de su arquitectura en la ciudad: http://fundamemoria.blogspot.com/2008/03/municipio-baruta-parroquia-el-cafetal-8.html, http://hanniagomez.blogspot.com/2008/02/villa-planchart-i-cerrito.html, http://hanniagomez.blogspot.com/2008/02/orqudea.html, http://hanniagomez.blogspot.com/2008/03/villa-planchartiis-iii-mariposa.html, y http://www.talcualdigital.com/nota/visor.aspx?id=71491&tipo=AVA, respectivamente.

[3] Puede conocerse a través de visitas guiadas concertadas por el teléfono +58 0212-9912973 o en la página web de la Fundación Anala y Armando Planchart: http://fundacionplanchart.com/. Hasta hace poco más de una semana fue escenario de conciertos.

[4] La casa –si se ilumina– brilla de noche en lo alto de un cerro, exactamente igual en la distancia a como lo hacen miles de ranchos alrededor de la ciudad.

cover_kc_ponti_0812161111_id_166377[5] Todas las menciones a su arquitectura las tomé literalmente del libro: Ponti. Maestro de la levedad de Graziella Roccella, editado por Taschen en español, en 2009.

[6] Esta casa cita a las caraqueñas Villa Planchart y Villa Arreaza: tiene habitaciones conectadas visualmente por ventanas y decoración exterior con cerámica en forma de diamante respectivamente.

Movimiento Moderno

Neue National Gallery,  Berlín, 1968,  Mies van der Rohe.

Neue National Gallery, Berlín, 1968, Mies van der Rohe.

“La forma exacta, carente de toda casualidad, los contrastes claros, la disposición de las partes, la secuencia de los elementos iguales y la unidad de forma y color constituyen la base rítmica de la creación arquitectónica.”

Walter Gropius

 

 

Imagen: http://simbiosisgroup.net/2796/neue-national-gallery-berlin-mies-van-der-rohe-alemania.

 

Gótico

Interior de la Catedral de Amiens.

Interior de la Catedral de Amiens.

“El arte gótico es sublime: la catedral no es el espacio que recibe la presencia sino que vuela hacia ella.”

Conjunciones y disyunciones. Octavio Paz

 

 

Imagen: https://es.wikipedia.org/wiki/Archivo:Amiens_cath%C3%A9drale15.JPG.

 

Románico

Iglesia de San Nectario en la Auvernia.

Iglesia de San Nectario en la Auvernia.

“El arte románico conjuga las ideas de orden y ritmo. Concibe al templo como un espacio que es ámbito de lo sobrenatural. Pero es un espacio terrestre: el templo no quiere escaparse de la tierra sino que, trazado por la razón y medido por el ritmo, es el lugar de la manifestación de la presencia.”

Conjunciones y disyunciones. Octavio Paz

 

 

Imagen: http://auvergne-photos.xc63.fr/Patrimoine/Sites%20religieux/Eglise%20de%20Saint%20Nectaire/eglise%20de%20st-nectaire.htm.

 

Gisela Kozak Rovero

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